¡LA AMO!

1169 Palabras

MARCO Todo estaba saliendo mal. Tenía el corazón revuelto y la cabeza al borde de estallar. Helena, con esa voz siempre serena, me dijo: —Señor Galindo, el carro ya está estacionado en su cochera. —¿Y Nora? —le pregunté al instante. —Sigue sin dar señales. No la localizamos. —¡Entonces haz que aparezca, carajo! ¡No te pago para que me digas que no sabes nada! —Estamos haciendo todo lo posible, señor Galindo —respondió sin perder la compostura, lo cual me hizo sentir un poco como un imbécil. —¡Debió haber llegado hace cuatro horas! —Señor, estoy encima del asunto. —No me digas que estás en eso. Dime qué mi3rda estás haciendo, con detalles. —Mandé a uno de los guardias a su departamento. Fue a ver qué pasa. —¿Y por qué no fuiste tú? —Estaba esperando que llegara el coche. —Lárga

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