Mi amiga se quedó analizando mis palabras cómo si no supiera a que me refería, y tenía razón, no lo sabía y si fuera por mí, nunca se enteraría. La hermana Gertrudis comenzó a dar un discurso al que no presté la más mínima atención porque, la verdad, no me interesaba para nada. _ Cómo ya sabrán, queridas jóvenes, la ciudad de Sicilia es muy peligrosa y por eso he decidido mantener horarios fijos para sus desplazamientos dentro del orfanato, nadie entra ni nadie sale sin mi autorización. Hay varias mujeres que custodian los pasillos del edificio, pero aún así hay gente con malas intenciones. Sé que anoche una, o varias de ustedes estuvieron despiertas y dejaron entrar a un delincuente. – comentó la mujer y sentí miedo por lo que le pudo pasar a Filippo si es que fue descubierto. – Aún no

