Subimos ansiosas por las habitaciones que compartiríamos, creo que el orden era el mismo que en nuestro antiguo orfanato, seguimos a una de las hermanas que nos guiaba a dónde dormiríamos, todo estaba marchando de las mil maravillas, llegamos a nuestra habitación y me tocaba compartir con Epril, había dos camas más, supongo que aún las muchachas no llegaban. _ ¿Te encuentras bien? – pregunté a mi amiga luego de que una lágrima recorriera su mejilla. – Nada nos pasará en este lugar, Epril. Te lo prometo. – volví a mencionar. Ella asintió con el rostro, pero sabía que no podía dejar de pensar en aquel malnacido que abusó de ella. _ No te preocupes tanto, Lia. – comentó ella secando la lágrima que caía por su mejilla. – Siempre he sido yo quien te protege, las cosas no tienen que cambiar a

