Sofia Los días sin Mikhail siempre se sentían más largos, pero ahora todo se sentía diferente. Apenas habían pasado veinticuatro horas desde que él y papá viajaron a Moscú para revisar los documentos sobre las empresas de Sarka, pero la casa ya se sentía vacía, demasiado silenciosa. Intentaba distraerme con los bocetos y telas que había traído de la oficina antes de mi renuncia, pero la mente siempre regresaba a lo mismo, su sonrisa, sus manos, su voz diciéndome Lyubímyy. Lo extrañaba de una manera que no estaba dispuesta admitir porque me hacia sentir mas débil de lo que realmente era. —Te entiendo, hija — dijo mamá mientras servía café en la terraza— Cuando tu padre y yo nos separamos por unos días hace unos años, sentía como si el reloj se detuviera, pero todo estará bien, a veces

