Esto le pareció muy bien a la pecadora, y decía que sí con la cabeza. «Pues vamos a cuentas. ¿Usted quiere que establezcamos la posibilidad, esta es la cosa, la posibilidad de casarse con un Rubín?». —Sí señor—respondió Fortunata con cierto miedo, espantada aún por aquello de los gusanos. —Pues es preciso que se nos someta usted a la siguiente prueba—dijo el cura, tapándose un bostezo, porque eran ya las cuatro y no habría tenido inconveniente en tomar una friolera—. Hay en Madrid una institución religiosa de las más útiles, la cual tiene por objeto recoger a las muchachas extraviadas y convertirlas a la verdad por medio de la oración, del trabajo y del recogimiento. Unas, desengañadas de la poca sustancia que se saca al deleite, se quedan allí para siempre; otras salen ya edificadas, b

