Doña Lupe se olió la mano con que había estropeado impíamente el criminal flequillo. Al acercar la mano a su nariz, hízolo con ademán tan majestuoso, que es lástima no lo reprodujera un buen maestro de escultura. «Gorrina... me has pringado la mano... ¡Uy, qué pestilencia!... ¿De dónde has sacado esta porquería?». —Me la dio el sito Maxi—respondió Papitos con humildad... Esto llevó bruscamente las ideas de doña Lupe a la verdadera causa de su ira. Ocurriósele hacer un reconocimiento en el cuarto de su sobrino, lo que agradeció mucho Papitos, porque de este modo tenía fin de inmediato el sofoco que estaba pasando. «Vete a la cocina» le dijo la señora; y no necesitó repetírselo, porque se escabulló como un ratoncillo que siente ruido. Doña Lupe encendió luz en el cuarto de Maximiliano, y

