Todo se me había salido de las manos, sé que fallé en no contarle la verdad a Marian, nada justificará lo que hice pero me sentía ofendido, deseaba venganza y más por qué querían verme la cara de nuevo. La fiesta llegó a su fin, el día más especial se había convertido en un infierno, ahora estoy en el hospital con mi esposa, hace un rato sufrió un desmayo, gracias al cielo se encuentra bien igual que nuestros bebés. Veo a mi esposa dormir, ruego que al despertarse no me corra de su vida, sé que lo merezco pero no lo acepto. Mientras observaba por la ventana la escuché hablar, Marian había despertado. -¿Mis bebés? ¿Ellos están bien?-la escuché decir, ella trabaja de sentarse.- -Cariño no te muevas tan rápido, puedes lastimarte, por nuestros hijos no te preocupes, los bebés están bien

