Kate despertó cantando y tarareando mientras se ponía otro vestido. Tenía los motivos suficientes para poder haber bailado sola con el maniquí que estaba en su recamara, o también para ir a la habitación de a lado para despertar a su marido. ―Andrew ―suspiró su nombre y él abrió la puerta de su habitación. ―¿Qué quieres? ―su voz interrumpió el dulce efecto que tenía Kate y la trajo de regreso a la realidad. ―¿Eh? ―preguntó alarmada por la repentina intromisión de Andrew. ―Tú acabas de hablarme. ―No es cierto...bueno puede que lo haya hecho pero no por eso puedes irrumpir en mi recámara cuando a ti se te antoje. Esta vez se cruzó de brazos y pasó junto a Andrew para salir de la habitación que parecía pequeña con la presencia de su esposo ahí dentro. Tenía que fingir estar indignada pa

