Las calles empedradas hacían que el carruaje se desestabilizara y que ellos dos brincaran dentro del transporte. ―¿Ya mero llegamos? ―preguntó Katherine en un gesto infantil. ―Sí, ahora solo debemos caminar un par de calles más y estaremos frente a la fachada del médico. Andrew asió el brazo de su mujer para que ésta no intentara escapar. La conocía tan bien que había decidido tomar ciertas medidas de precaución antes de tener que lamentar las decisiones de la chica. ―¿Por qué quieres ver al médico?, mi herida sanará por si sola, como ya lo ha hecho varias veces ―sonrió al recordar una herida en su pierna. Ella estaba subiendo por las ramas de un árbol, entonces accidentalmente se resbaló y sus rodillas impactaron contra el suelo tapizado de hojas secas. Obviamente sus rodillas quedaro

