Su mano no hizo mas que aferrarse al pomo de la puerta mientras su cabeza buscaba algo qué contestar. ―He pedido que me enseñaran el tocador y me han dicho que es por aquí ―contestó con voz ronca. ―Está muy equivocada señorita, ¿sabe lo que hace al intentar introducirse en la habitación de un hombre? ―Andrew sólo la observaba divertido por la situación. ―Como ya le he dicho señor, creí que por estos pasillos se encontraba el tocador, ¿podría mostrarme el camino correcto? ―si seguía forzando su garganta para hablar de esa forma seguramente quedaría afónica por un par de días. La palma de la mano de Andrew impactó a la altura del espacio entre el cuello y su hombro derecho, hasta topar con la pared. La mirada de su esposo era turbia y desesperada mientras la observaba directo a los ojos,

