Era una completa tortura poder apreciar su aroma lejos de mí teniéndola a solo unos pasos de distancia. Mientras más me trataba de convencer de que todo estaría bien, que ella no desaparecería está vez mi locura le ganó a mi razón y fue por eso que en medio de la madrugada me levanté para ir por ella a su habitación. Salí tratando de hacer el menor ruido posible para no despertar a nadie debido a la hora que era y en un segundo estuve caminando descalzo por el pasillo poco iluminado. Ya frente a su puerta mi mano cubrió la manilla de su puerta para poder darle vuelta y finalmente entrar en su habitación donde reinaba la oscuridad. Tensé mi mandíbula cuando el aroma a ella golpeó todos mis sentidos excitándome de inmediato, era delicioso, atrayente y pecaminoso. Quería ir donde ella, s

