Salí de ese restaurante tan rápido como pude, tomé un taxi y fui a casa. Durante el trayecto no dejaba de pensar en ese beso que me hacía sentir miles de sensaciones dentro de mi llegué, subí a la habitación de Luggina, para ver cómo estaba. Me sentía en las nubes, creí que aquel sentimiento seguía aquí porque para mi, ayer dormí y hoy al despertar seguiría sintiendo el dolor con el cual me dormí, pero me imagino que tanto tiempo en coma ese sentimiento se quedó ahí dormido, o quizás este si murió y yo, yo estoy viva, sintiendo lo que me negué a sentir. Abro la puerta muy despacio y veo a mi bebé jugando. — !Hola! Pequeña. — Mericci la cuidaba, era la enfermera que me acompañó todo este tiempo, es más mi nueva amiga que la enfermera. — ¿Todo bien? — Pregunta, mirándome como si pudiera

