Capítulo 5 Al día siguiente, víspera de Navidad, no hicieron ninguna excursión. Pero cuando apareció en el cielo la primera estrella se encendieron también infinidad de lucecitas de colores en la tienda del señor Rawlison, entre las ramas del árbol de Navidad. Como en Egipto no hay pinos, hubo que sustituirlo con un boj, cortado en un jardín de Medinet, en cuyas ramas colgó el señor Rawlison los regalos para los niños. Para Estasio una magnífica escopeta, de marca inglesa, y para Nel una muñeca preciosa. La alegría de la niña ante la muñeca no pudo compararse con la de Estasio al encontrar lo que tanto había deseado, además de una silla de montar y gran cantidad de municiones. Entretenidos con las prácticas religiosas, con los juguetes y con su amigo Saba, aquellos días transcurrieron

