¿Te has enamorado? ¿Te has enamorado del playboy? ¿De tu mejor amigo? ¿Te has enamorado del Playboy que es tu mejor amigo? Cierto es muy cliché, pero fue lo que me pasó, Caeli Holbein se enamoró de su mejor amigo. Mi estúpida obsesión por encontrar a mi chico malo y mujeriego que deje de serlo por mí era sumamente adictiva, pero esta vez estaba completamente segura de que lograría tenerlo. Llevábamos unas semanas viviendo juntos desde que inició el año escolar, era hermoso compartir todo con él, mi mejor amigo ahora estaba más tiempo conmigo, y eso me llevó a idear el plan perfecto para hacer que él se enamore de mí.
Yo estaba estudiando las asignaturas básicas de tronco común de la carrera de ingeniería en informática, había elegido dar inicio de esta manera por si en un punto al final del semestre decidía cambiar de carrera. Mi hermano mayor me lo sugirió, Caleb era el inteligente de los dos y manejaba su vida a su antojo, mi hermano era parte de los Playboys de la universidad, fue la razón principal para que mis padres no dejarán que viviera con él, por lo contrario para ellos Alan era una blanca palomita que siempre cuidará de mi.
No he hecho amigos aún en mi grado, en clase me enfoco en prestar atención a los temas y después de ellas solo busco a mis usuales y cotidianos amigos de siempre. Aunque ambos ya tienen una variedad de amigos por aquí.
— Caeli— golpee mi cara con mis manos, mientras me daba la vuelta para encontrarme al idiota de nuestro vecino, el playboy número uno de primer año de la universidad, es increíble que este jodido siga siendo parte de mi vida aún a kilómetros de casa.
— Evan— dije mientras tomaba respiros lentos.
— ¿Pero mírate? te ves bellísima — su estúpida sonrisa me jodio la vida.
— Y tú te ves idiota— dijo recalcando la última palabra—, ahora permite a esta alma seguir su camino.
— Ay vecina, hoy te levantaste con el pie izquierdo— se reía de mí en mi cara— solo te quería decir que cuando leas libros tristes, no llores tan fuerte.
— Lo tomaré en cuenta, cuando me importe te aviso— dije mientras sonreía con malicia. Evan vivía en el apartamento de al lado, justo mi ventana daba a la suya, al ser una zona de estudiantes era común que conocidos terminaran siendo vecinos, pero por desgracia a Evan le tocó ser el mío.
— Bueno Cielo, tengo que ir a entrenar así que no puedo seguir discutiendo tonterías— desde preparatoria eramos archienemigos, le había jugado con Hanna mi mejor amiga, le había hecho creer que estaba enamorado de ella para conseguir algunas fotos, lamentablemente para mí rubia preferida era demasiado ilusa y cayó, todo era un reto entre él y sus amigos y yo lo odio desde entonces y más cuando me llama Cielo.
— Mi nombre es Caeli, grabate lo.
— Claro que sé tu nombre, pero me gusta decirte Cielo— se acercó un poco— algo tierno para mi— no permitió que contestara, empezó a alejarse en dirección contraria a la de las canchas, que se suponía era a donde se dirigía.
— ¡Evan! — le grité, este se dio la vuelta— las canchas están de este lado— me reí en su cara, este por su cuenta me hizo mala cara y chocó su hombro contra el mío mientras retoma el camino correcto.
Camine a la cafetería con mis audífonos puestos, escuchando Easy de Camila Cabello. Al llegar compre un emparedado y un jugo de naranja natural, me di la vuelta y busqué con desesperación la cabellera rubia de mi mejor amiga, la encontré con algunas chicas, me decidí a caminar hacia ella. Hanna fue mi primera amiga, nos conocimos en el recital de poesía, yo iba por los libros y ella por la comida gratis, de ahí somos inseparables. Lamentablemente cuando le presente a Alan ambas reconocimos tiempo después nuestro flechazo por él, aunque después de lo de Evan ella me confesó que no sentía nada por Alan. Al estar más cerca noté la sonrisa de mi mejor amiga crecer, algo tenía para contarme y quizás no sería tan bueno para mí.
— Caeli, ven aquí, siéntate te presentaré a mis amigas— me apresuré a llegar y me senté frente a mi amiga.
— Hola a todas— dije mientras mordía de mi emparedado.
— Miren chicas ella es Caeli, es mi mejor amiga desde ya hace unos años— Hanna se veía emocionada, las semanas que llevábamos en la universidad habían sido llenas de nervios y tensiones por estar solas en clases y solo vernos durante el almuerzo y saliendo de clases.
— Hola Caeli, yo soy Mariet, es un gusto— era una morena hermosa, con una sonrisa bellísima, se le notaba que era muy sociable.
— Yo soy Aura, quiero decirte que me fascina tu cabello rizo y n***o, yo soy una hermosa pelirroja— me dio tanta ternura, era creo una chica muy inocente o quizás solo eso se podía apreciar.
— Caeli, ¿tú no has encontrado amigas en tus grupos de clases?
— Oh no Hanna, mis grupos están llenos de sudorosos y hormonados hombres y muy pocas chicas— estaba por terminar mi emparedado, cuando se escuchó el alboroto que traían los del equipo de fútbol que iban entrando a la cafetería.
— Cambiando de tema, Hanna nos mencionó que eres una chica muy fiestera— Aura subía y bajaba las cejas, cosa que me causó mucha risa.
— Disculpa, fue graciosa la manera en que lo dijiste y moviste las cejas— dije mientras me aguantaba la risa— y respondiendo a tu pregunta, me gustan mucho las fiestas, pero desde que entré en la universidad no he ido a ninguna.
— Habrá una fiesta simplona en casa de Evan Matheson, el buenísimo vecino que tienes así que estábamos pensando en que tu—ahora hablaba Mariet, que en lo particular se cargaba una voz un tanto chillona para mi gusto—nos podrías ayudar a estar más sexis y guapas que ahora, y también que nos acompañaras.
— ¿Hablan de una fiesta a mitad de semana? —pregunte con intriga, ya que mi fabulosa mejor amiga odiaba las fiestas a mitad de semana, porque el desvelo la hacía estar irritable los últimos días de la semana, hasta llegar el domingo que dormía todo el día.
— Caeli, sé que no es lo mío, pero quiero ir, y es lado del apartamento— puso su cara de convencimiento que nunca fallaba, era extraño este repentino cambio, pero en lo particular ya sé como lidiar con la Hanna en la que se transforma después de una noche de fiesta.
— Yo me apunto—dije y todas soltaron un grito que hizo que la mayoría de los que estaban en la cafetería voltean a vernos.
Después de algunas charlas de cómo querían ir vestidas, y que, si era mejor ir cómodas o sexis. Decidí que era hora de irme de ahí, tenían mucha energía esas chicas y yo de solo pensar en una fiesta esta noche me causaba resaca desde ahora.