capitulo 12

847 Palabras
Me acerqué a la mesa de nuevo, la miré con detenimiento, voltee a ver a Moreno. Mis ojos están razos de lágrimas y mi mente sólo puede pensar una cosa. – ¿Qué fue lo que le pasó? – le pregunté. – Todo apunta a que fue una violación... Las marcas en sus brazos, piernas y la entrepierna dicen que forcejeó mucho, la marca del cuello da a conocer que la estrangularon. – Esto no puede ser posible...– digo entre sollozos – yo tuve la culpa, yo la dejé sola, yo fui la que la dejé. – voltee a verla – Perdoname hermanita. Salí de la habitación y voltee a ver a mi mamá, ella voltea a verme con una mirada que reflejaba una luz de esperanza que pronto se le apagaría. Lo único que hice al verla fue correr y abrazarla. En ese momento ella supo lo que quería decir... En definitiva era su niña la que estaba en aquel cuarto frío, a la que nunca más iba a volver a ver sonreír, ni correr, gritar, ir a la playa o al parque como solía hacerlo.... Era su niña y nadie podía ya deshacer eso... Salimos de la morgue para dirigirnos hacia mi casa. El agente Moreno nos acompañaba, tan atento como siempre, nos invitó a cenar algo pero por obvias razones ninguna de las dos quisimos. Mamá no paraba de llorar y yo me sentía culpable de lo que pasaba. Hacía ya una semana desde que vi por última vez a Dy. No había recibido ningún mensaje de ella, ninguna nota ni nada... Era como si la tierra se la hubiera tragado. Nos detuvimos en un semáforo y Jona me miró, tomó mi mano y me sonrió. –Todo estará bien, bonita.–Me dijo, sonreí y apreté su mano.  No se por qué, pero por alguna extraña razón él me tranquiliza muchísimo, sus palabras me llenan de paz y sus tibias manos me dan mucho alivio y confort –¿Saben algo de Laura?.–Le pregunté. – Aún no aparece. – me contestó y volvió la mirada al frente. Cuando llegamos a casa, mamá se bajó del coche y subió al cuarto de Cora, cerró la puerta con llave y no volvió a salir... – ¿Gustas un café? – le ofrecí a jona. – Yo lo preparo.– me dijo y se levantó de su asiento para prepararlo. – Sientate, hoy te atenderé yo a ti.– me tomó por los hombros y me sentó en la sala – Esperame  aquí. –¿Jona?. – Dime, bonita – me responde desde la cocina. –¿Por qué eres tan atento conmigo? –¿ Quieres que te diga la verdad?– Preguntó mientras me daba la taza y ponía lo demás en la mesita. – Pues... Si, por favor.– Le dije y dejé la taza sobre la mesa. – La verdad es que, hace algunos años, también mataron a mi hermanita ›Fue hace tres años, yo tenía tu edad cuando esto pasó. Ella y yo éramos muy unidos, ella tenía veinte años. Se embarazó a los dieciséis y tubo un hermoso niño... Era madre soltera ya que el padre de Emiliano nunca se quiso hacer cargo de él, pero a pesar de todo esto, ella lo seguía frecuentando, seguido yo escuchaba cuando el le llamaba para quedarse de ver en algún lugar. Pasaron los años y ella lo seguía viendo. Un  día, escuché que discutieron por que el se quería llevar a Emiliano pero ella no queria que lo hiciera ya que el no es un buen hombre y ella temía por la seguridad de mi sobrino. La escuché salir de  la casa pero ya no regresó. La buscaron por veinticuatro horas. La encontraron a cuatro cuadras de mi casa. Estaba dentro de un bote de basura. Lu, el padre de mi sobrino mató a mi hermana... Él estaba casado, y eso, mi hermana nunca lo supo. Entre la esposa y él, planearon quitarle a Emiliano a mi hermana, pero al ver que no iban a poder, la mataron. – mientras me estaba contando, yo veía como las lágrimas salían de sus ojos, una tras otra, mojando sus perfectas mejillas. Yo no supe que hacer y sólo lo abracé. –¿Qué pasó con Emiliano? – Pregunté. – Ahora yo tengo la patria potestad y la custodia... Ahora Emiliano es mi hijo. - me miro absorto aun en los recuerdos – Y tu...¿ No tienes padres? - el negó – Esa es una historia que te contaré luego, vale... Ahora tómate tu café por que si no se te va a enfriar. – tomó la taza y me la dio, tomó la de él y le dio un pequeño sorbo, alzó el dedo meñique y con voz aguda hizo la imitación de una mujer. – Oh, señorita Lu, éste café está delicioso. Solté una pequeña risa y el me vio de reojo y me dedicó una sonrisa de lado. Al verlo, sentí aquello que sólo Joss me hacía sentir...
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