Comenzaron a pasar los días… después los meses y su recuerdo seguía intacto en mi mente y en mi corazón… no sabia como podría soportar el hecho de que él ya no estaba. A diario pedia a Dios por que el estuviera bien, aunque yo no lo estaba. Mis días se convirtieron en una pesada monotonía, en donde sólo me dedicaba a mis estudios y nada mas. En la escuela, dia a dia me pesaba mas su ausencia… me faltaba su buenos días, me faltaba su aroma, su presencia a un lado de mi… era una soledad aterradora. Pasó el tiempo y de pronto ya había pasado un año desde aquel horrible dia, en dos semanas sería mi graduación, mi madre estaba muy emocionada por que yo fuera al baile, quería que, al igual que todas las chicas de mi clase, fuera a comprar mi vestido y ella quería acompañarme… y yo… yo

