POV Rebecca.
Cuando salgo de mi habitación y veo a Pepe esperando que termine mi llamada, lo abrazo efusivamente para darle las gracias, se que lo tomé desprevenido, pero estaba tan feliz que no me importó. Cuando nos separamos estábamos ambos nerviosos y titubeamos al hablar al mismo tiempo, pero finalmente fui yo quien hablo primero.
-Gracias, ya hablé con él, le pedí que tuviera paciencia, pero que tuviera la seguridad que ahora hablaríamos más seguido y que ahora me encontraba protegida.
-Para que necesitas tiempo.
No sabia si decirle lo poco que había descubierto, no porque no confiara en lo que me dijo Vito, sino que no confiaba hablarlo dentro de la casa, necesitábamos salir y hablar en otro lugar, pero seria otro día, de verdad me encontraba muy débil y la emoción del momento me dejo exhausta. Por lo que solo le dije una corta frase que él entendió perfectamente.
-Aquí no-
Después de un silencio incómodo le dije que estaba muy cansada y necesitaba descansar, pero antes quería hacerle una petición más a Daniele así que fui a su despacho. Toque la puerta y su voz me invitó a pasar.
-Daniele- se levantó con cara de sorpresa cuando me vio entrar- disculpa que te moleste, pero puedo pedirte dos pequeños favores.
-Claro que si. ¿Qué necesitas?
-Me dijiste que nadie me impedía salir, así que estuve pensando ya que tengo un guardaespaldas y una dama de compañía me gustaría salir el domingo un rato, ir algún lugar tranquilo para tomar aire fresco, ¿Podemos?
-Claro que si, no tengo ningún problema, el domingo tendré un chofer dispuesto para ustedes. ¿Cuál es la segunda?
Lo segundo se me ocurrió en el camino, desde que me case con Giancarlo no tocaba mi guitarra, de hecho, no me dejo traérmela conmigo y tampoco había tocado el piano, eran mis dos instrumentos preferidos y me acompañaban tanto en la alegría y la tristeza y tenia acumulada mucho de una y un poco de la otra, así que necesitaba desahogarme.
-Quería saber que posibilidad hay que me traigas un piano o una guitarra.
-No entiendo.
-Una de las razones en que yo no participaba mucho de las reuniones de la mafia aun cuando ya tenia la edad para asistir es porque era músico, amo la música y la verdad quería adentrarme en ella más que pertenecer a este mundo, pero Giancarlo no me dejo traer mi guitarra y tampoco quiso comprarme un piano por más que se lo pedí. Por eso ahora que se que él no puede inmiscuirse me gustaría tener algo para tocar.
Me vio con un amor que me hizo ruborizar, se que lo que veía era el brillo que había en mis ojos al hablar de la música.
-Entonces ¿puedes hacerlo?
-Haría cualquier cosa porque ese brillo no se apague jamás.
-Gracias. – Lo abrazo y me voy feliz porque al fin comienzo a ver la luz al final del túnel.