HADES Cuando veo que Genesis no entra al maldito ascensor, el pecho se me comprime y una desesperación que nunca había sentido se instala en mi pecho. Comienzo a golpear como loco las puertas, pongo todas mis fuerzas, pero la maldita ha hecho algo que no permite que se abran, por mas que hunda el botón. Mattia tambien se desespera y comienza a gritar y a llamar a su madre. -¡No te atrevas! – Le grito, ignoro si puede escucharme - ¡Maldita sea, no te atrevas! Siento como el cuerpo me tiembla, el pecho me palpita y los latidos de mi corazón los escucho en mis oídos. Lo ultimo que pude ver fue esa sonrisa que siempre ha causado estragos en mi vida. La sonrisa que hizo arrodillarme mas de una vez, aunque nunca lo admití. La maldita que me hizo perder la cordura y me hizo adicto a ella. N

