CAPITULO 37

1557 Palabras

HADES Siento como unas delicadas manos se posan en mi tormentosa erección, una cálida boca la cubre y una pecaminosa lengua la recorre. Jadeo. ¡Jesús! ¿Morí y estoy en el cielo? Mis manos salen disparada a una mata de cabello y se enredada en ella, la obligo a mantenerse en su lugar, mientras la guio para que me siga dando placer. He pasado una semana quedándome en la casa de Genesis, cada noche llego me la follo hasta dejarla sin sentido, y después dormimos abrazos, es como si estuviera ya casado y disfrutara de cada noche con mi mujer. Y es que ella es eso. Mi mujer. Es mía. Y no pienso dejar que nadie me la quite. Al principio creía que solo era un reto, ver como día a día me despreciaba lo hacia mas interesante, pero cada vez que la buscaba mas y mas, cada vez que tocaba su c

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