**Capítulo tres: Juegos peligrosos**
—¿Beber? —fue la sugerencia que finalmente formuló mi cerebro.
Ella negó con la cabeza y, antes de que pudiera intervenir, se sentó a horcajadas sobre mi regazo y me apretó los labios con el dedo medio de la mano derecha mientras se acomodaba el pelo detrás de la oreja con la izquierda.
—Te crees un chico malo… todavía no has visto nada de esta chica mala.
Antes de que pudiera hablar, sus labios rojo cereza se posaron sobre los míos mientras sus manos me acunaban la mandíbula y me besaba profundamente con un abandono salvaje. Sabía a los dulces cócteles exóticos que había estado bebiendo toda la noche. Le seguí el beso y mis manos encontraron sus caderas, que ella bajó y se frotó sobre mí. Su lengua envolvió la mía mientras nos abrazábamos sin aliento.
Ella rompió el beso manteniendo su cara cerca de la mía y frotó su entrepierna sobre el inconfundible bulto en mis jeans.
—Eso te meterá en problemas, Sr. Hughes —sus ojos traviesos insinuaban el problema.
—Generalmente sí —respondí con una sonrisa torcida antes de que sus labios se unieran a los míos una vez más, complacidos por ella, y nos besamos profundamente.
Mica empezó a separarse, rompiendo el beso mientras yo me sentaba ahí, con una erección incómoda. Miró su reloj plateado en la muñeca izquierda.
—Me llevan a la 1… ya es tarde.
—Maldita sea —la miré—. ¿Qué hay de…?
—Me alegro de volver a verlo, Sr. Hughes… Nos vemos por ahí —sonrió, y un sutil guiño de confianza salió de su ojo izquierdo mientras se mordía el labio inferior de nuevo—. Con suerte.
Giró sobre los exquisitos tacones de esas botas, al ver a Gemma, agitó su mano en el aire y se dirigió apresuradamente hacia la salida principal riendo y bromeando con la rubia del vestido rojo.
Negué con la cabeza mientras mi pene se hundía lentamente en mis vaqueros. ¿Acababa de jugar conmigo?
Técnicamente, eso estuvo totalmente mal, pensé mientras me dirigía al bar. Es decir, carajo, es un cliché, pero yo tenía edad suficiente para ser su padre; era amiga de Jack en el colegio. Conocí a su padre, joder. Aun así, no podía quitarme la sonrisa de la cara cuando nuestro nuevo camarero favorito me vio y se acercó directamente.
—¿Otra botella?
—No, dame un brandy y una Coca-Cola, por favor.
Mientras bebía del vaso que me ofrecían, pensé en lo que había sido un día de locura. Saqué el móvil y lo comprobé; aún no me creía el saldo de mi cuenta de apuestas online. 140.100 libras estaban ahí, resaltadas en blanco sobre fondo verde. Mi sonrisa se ensanchó al contemplar el club; mis pensamientos volvieron a mis reflexiones anteriores. Todas las discotecas eran iguales hoy en día.
Sentí una mano que me golpeaba el hombro.
—¿Has estado pescando?
Al girarme, vi la amplia sonrisa de Smalls, su único diente de oro apenas visible mientras continuaba:
—Quiero decir, tienes que recordar a Logan… puede que seas un cabrón rico… pero sigues siendo un cabrón feo.
Negué con la cabeza; mencionar el encuentro con Mica podía esperar. Solo lo descartarían o desacreditarían en sus estados de ebriedad.
—Escucha, escucha —dijo Doug arrastrando las palabras mientras se acercaba por detrás de Smalls—. Tenemos… tenemos que tomar una decisión importante…
Smalls y yo miramos en su dirección mientras él se apoyaba en la barra esperando su anuncio.
—Strippers… ¿o kebabs?
—Joder, kebab —fue mi respuesta instantánea—. Salgamos de este agujero de mierda.
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**Capítulo cuatro: Mica**
—Bueno, al menos el clima resultó agradable.
Estaba hablando con mi esposa como si estuviera charlando con un extraño; joder, bien podría ser un extraño.
—Supongo… —respondió bruscamente mientras llevaba el plato de pollo recién asado y hamburguesas por el césped soleado. La verdad era que Sarah podía poner una nube oscura en el día más soleado; esperar que fuera educada todo el día quizá era exagerado. Durante el desayuno de esta mañana, obviamente había gastado casi toda su dulzura del día intentando parecer normal delante de Jack en su 18.º cumpleaños.
Parecía contento con el reloj que le había regalado, y entonces, sin avisar, ella sacó el MacBook que le había comprado. No esperaba una consulta, pero que me lo hubieran notificado no habría estado mal. El lío había empezado, obviamente, y era tan patético como innecesario.
—Esto te vendrá genial cuando vayas a la universidad —le había prometido. Me mordí el labio pensando que tenía que presentarse a los exámenes, y mucho menos aprobarlos, antes siquiera de acercarse a la vida universitaria. Me mordí la lengua y tomé mi café mientras compartía la inmensa felicidad de Jack. Nos había agradecido todos sus regalos, como solía hacer desde hacía años. Jack no era tonto, aunque sabía que las grietas en nuestra relación estaban ahí. Probablemente estaba deseando irse a la universidad para escapar de toda la mierda que inevitablemente traerían los próximos meses.
—¡Ay, volver a ser joven! —Smalls me dio una palmada en el hombro mientras apagaba la barbacoa de gas. Su mirada se fijó en el césped, en la congregación de jóvenes que masticaban hamburguesas o bebían la enorme cantidad de cerveza y sidra que intentábamos refrescar.
—Como intenté advertirle a Jack esta mañana… está entrando en la edad adulta… tiene mucho que crecer… ¿muy pronto?
—Es más sabio de lo que crees.
—Supongo… pero liberarse de responsabilidades y de todo lo que tenemos que aguantar. Trabajo, relaciones, problemas económicos… los mejores años de la vida no son lo que dicen —respondí abriendo una lata de cerveza fuerte importada mientras nos sentábamos lejos del grupo principal; o lejos de Sarah, que cloqueaba vergonzosamente como una gallina.
—Parece que los estás reviviendo… no te va tan mal últimamente —Smalls se rió entre dientes; como padrino de Jack, tenía todo el derecho a estar allí, pero creo que lo había invitado como siempre por su compañía; ¿o era su apoyo?—. Lo que me recuerda, ¿cuánto tiempo más tendré que tener 140 mil al día de tu dinero en una cuenta bancaria a mi nombre?
—Quizás necesite que me pagues una buena parte de la entrada de un piso que he visto —le dije con una sonrisa—. Si fueras tan amable…
—Entonces, invierte con prudencia —Smalls me entregó otra lata de cerveza y se sirvió una.
—Acabo de recibir el primer rechazo en uno de esos nuevos lugares en el paseo marítimo, en los muelles… tengo que actuar rápido… no puedo esperar a que Sarah me compre la salida de este lugar.
—¿No va a sospechar?
—No necesariamente me mudaré de inmediato… por más estresante y difícil que sea, acordamos pasar los próximos meses hasta que Jack se vaya a la universidad… ¿Puedo preparar el lugar durante el verano?
—¿Y crees que es prudente dejar tu trabajo… ese dinero es bueno pero no durará para siempre?
—Tengo planes, Smalls… tengo una reunión con un asesor de pequeñas empresas en el…
Nuestra conversación se apagó mientras me distraían dos recién llegadas a la fiesta, a quienes reconocí bien; a una un poco más que a la otra.
Gemma y Mica.
El pelo de Mica no era liso como en la discoteca, sino que llevaba un peinado afro con volumen. Llevaba una camiseta negra de tirantes con calaveras delante, unos shorts vaqueros sobre unas medias negras de rejilla y botines negros de tacón de aguja. Estaba guapísima. Me pregunté qué hacía allí; pensé que esta no era una ciudad tan grande; era amiga de Jack hacía años, así que era lógico que, gracias a las r************* , hubieran vuelto a estar en contacto. Me di cuenta de que estaban en la misma universidad. Seguro que lo habían mencionado en la discoteca.
Seguí observándola, mis pensamientos se alejaron rápidamente de la conversación con Smalls mientras mi mente se remontaba tres semanas atrás, a aquella noche; la última vez que la vi. Sonreí a medias mientras me reía entre dientes, pensando que estaba deseando a chicas de la misma edad que mi chico. Sin embargo, apenas podía apartar la mirada de ella.
—Mejor cierra la boca, amigo… vas a atrapar moscas —escuché decir a Smalls sacándome de mi trance.
—Es… es ella —dije, tomando un gran trago de la lata fría de cerveza.
—Mica… la chica de ese club.
—¿Qué, rubia? —Smalls volvió a mirar.
—No, no, maldito idiota… la mestiza… ¿Recuerdas a la chica que mencioné? —Negué con la cabeza mientras respondía, consciente de que ambos las estábamos mirando fijamente. Observando demasiado de cerca mientras el grupo de jóvenes saludaba afectuosamente a las recién llegadas. Vi a Mica abrazar a Jack después de besarlo en ambas mejillas.
—Hombre, no querrás saber que tus hijos la tienen ahora mismo en la cintura —afirmó Smalls con naturalidad.
Observé y me di cuenta de que Smalls tenía razón; tras su abrazo inicial, la mano de Jack la rodeó por la cintura y la acercó a él. Peor aún, el brazo de Mica rodeaba la cintura de Jack mientras ambos se reían de un chiste que estábamos demasiado lejos para oír.
Noté que la lata de cerveza se aplastaba un poco en mi mano al vaciarla.
—Pásanos otra lata, grandullón.