El error

3322 Palabras
Sus hermosos ojos castaños estaban frente a él… su larga trenza le caía por un costado rozándole la mejilla… Se sentía en el paraíso. -Duo… -Heero… nos iremos de cacería pronto. Ve a prepararte. Heero se incorporó de la cama y observó a Duo prepararse para la cacería. Llevaba una túnica corta sobre unos delgados pantalones, y sobre la túnica se acomodaba la armadura de hombro y corazón que siempre se colocaba cuidadosamente antes de cargar con el carcaj lleno de flechas y el arco. Parecía una doncella guerrera… pero de doncella no tenía nada. -Heero, ¿Qué estás mirando?... apresúrate o te dejaremos atrás. Duo salió de la pequeña casa dejando entrar a la vez el aire húmedo y espeso de la lluvia que había caído la noche anterior. Hacía tiempo que no tenía ese sueño. Desde entonces se había escapado cada día hasta que fue de cacería la primera vez, y ese día, después de tantas escapadas e insistencias para ver a Duo, ambas tribus decidieron que lo mejor era terminar con los pleitos a través de esos dos. Solo entonces Heero se enteró de todo lo que había hecho Duo para encontrarse con él… incluso amenazar a su propia existencia. Ambas tribus estaban mezcladas, por lo que las costumbres de ambas también se mezclaron y complementaron de manera que resultó casi natural. Heero se vistió el pantalón, las botas de piel y una larga lanza adornada con cintas de color verde. Varios se habían reunido cerca de un gigantesco tótem con una base hecha de cuervos, sobre ella formas humanas con brazos alzados sosteniendo nubes que a su vez sostenían al sol. Oraban respetuosamente para que todo en la cacería fuera bien, así como hacían cada vez que salían a cazar. Era el mismo ídolo al que se presentaron la vez que unieron las líneas de sus vidas ante ambas tribus. Duo había estado orando con ojos cerrados, cabeza baja y brazos extendidos ofreciendo carcaj, flechas y arco al ídolo, para que los bendijera y regresaran con una buena caza. Al terminar se encontró con la mirada siempre amante y protectora de Heero. Le esperaba con lanza en mano mientras era bañado por la luz del sol que se hacía espacio entre las nubes. A veces le ocurría como ahora. Se quedaba prendado mirándolo de pies a cabeza. Cada día se decía a sí mismo que todo el esfuerzo realizado para estar con él, había valido la pena. Los demás miembros de la tribu se acercaron mientras otros se despedían de sus mujeres y sus hijos. La cacería estaba a punto de comenzar. *********************** Trowa había abierto los ojos de par en par. Había visto al cuervo gigantesco con sus propios ojos, pero ya no estaba. ¿Por qué podía verlo?... solo los agónicos veían al cuervo en su lecho de muerte. Aún así no dejó que esas interrogantes lo turbaran y se concentró en su única y más importante misión: encontrar a Quatre y para su regocijo los árboles habían dejado intactas las huellas recientes del cuervo, por lo que ahora podría seguirlo sin problema alguno. Su presentimiento era el correcto. No debía haber ido, no debió haberlo hecho… ahora ese humano podía verlo y le arrebataría a Quatre… Tenía que llegar pronto con él y comprobar que aún estaba allí. Quizás aún seguía dormido como la primera vez que estuvieron juntos… pero ¿y si no? Esa noche había guiado al otro mundo a muchas más personas de las que comúnmente hacía. Había habido un enfrentamiento entre tribus en los parámetros más apartados del continente y eso le había tomado mucho más tiempo del que creía le iba a tomar, aún con su habilidad sobrenatural de moverse hacia donde quisiera. Estaba preocupado, demasiado preocupado… si ese hombre encontraba a Quatre antes que él… Por fin había llegado al claro. Su forma había cambiado a humana mientras hacía el largo trayecto y para su sorpresa Quatre seguía durmiendo tal y como lo había dejado. Se lanzó al lecho y lo abrazó con fuerza sin importarle si lo despertaba o no. Tenía que asegurarse de que era él y no una ilusión lo que estaba viendo… si la angustia le hacía comportarse de esa manera tan extraña, entonces ya estaba en el límite de la cordura. -Wu… Fei… -la voz de Quatre sonaba cansada y soñadora -… ¿qué pasa WuFei? -Quatre… -el joven aún estaba adormilado, pero por lo menos estaba despierto -Quatre… jamás me dejes… ¡¡por favor, no me dejes!! -No… no entiendo lo que me dices… WuFei, ven a descansar conmigo… WuFei dejó a Quatre sobre la cama y lo observó cuidadosamente. Lo había dejado completamente desnudo y en ese momento se veía como si se estuviera ofreciendo con las manos a ambos lados cerca de la cabeza, la manta a la cadera y líneas rojas expuestas en los laterales de su cuello. Lo había rasguñado sin darse cuenta. -Quatre, estás… -WuFei… duerme conmigo… -susurró Quatre sin moverse de su posición. Estaba lánguido y cómodo. WuFei se quitó sus ropas y se acostó junto a Quatre abrazándolo para así sentir su piel junto a la de él, quizás por última vez… En cuanto Quatre despertara, tendría que decirle lo que había ocurrido en el bosque; aún a sabiendas de que podría dejarlo para intentar ir por ese humano. ********** En medio de los grandes claros, Heero se había quitado las botas para meterse al lago. Le encantaba pescar bajo el agua, algo que muy pocos hacían. Desde allí se volteaba de cara a la superficie y podía ver perfectamente la silueta de Duo sobre las ramas de los árboles más cercanos a la orilla, esperando a que su presa pasara desprevenida… jamás regresaban con las manos vacías pero esta ocasión era diferente… Por alguna razón la silueta de Duo se agrandó de un segundo a otro hasta aparecer estruendosamente en el agua, desprendiendo una nube roja desde su brazo izquierdo. Heero sujetó la lanza con fuerza, mientras nadaba lo más rápido posible hacia Duo. Lo tomó ayudado de la lanza y con la otra mano se impulsó lo suficiente para alcanzar la orilla del lago y así sacar a Duo del agua. -¡¡Duo!!... ¡¡DUO!! -Hee-ro… -Duo tosió agua y se tomó el brazo recordando que estaba herido-una… una flecha… alguien me atacó… escuché los gritos de los otros… Heero tomó a Duo en brazos y lo dejó cerca de un árbol protegido por grandes arbustos y ramas caídas, para luego asegurarse la lanza y las botas. -Espera aquí. -¿Heero?... ¿Qué harás…?... No, espera… no vayas ¡Heero!... ¡¡Heero!! Para cuando Duo se puso de pie, Heero ya había desaparecido entre los árboles. ******* El sol tocaba el horizonte, tornando el cielo en rojo fuego que degradaba hacia arriba, en un azul intenso plagado de estrellas. Un leve crujido fue suficiente para despertarlo. Era la primera vez que se sentía tan vulnerable, tan indefenso… Quatre seguía durmiendo entre sus brazos, pero no por mucho tiempo. Ese humano lo había encontrado y había entrado al claro. Los hechizos de protección del claro se activaron en forma de gigantescos y monstruosos árboles que agitaban sus ramas cuales manos fueran, intentando atrapar al intruso, hacerle daño, hacer que se marchara del lugar. WuFei observaba todo esto desde la entrada cubriendo su cuerpo desnudo solo con su larga y negra capa; y entonces ocurrió lo que tanto temía… Quatre estaba vestido, de pie junto a él observando horrorizado la escena. -WuFei… ¿Qué es eso…? -Un intruso… -Pero ¿ese no es…?-Quatre se quedó en silencio unos segundos intentando aguzar la vista para ver a la persona que había entrado al claro sin autorización-… ese es… Trowa… WuFei no se atrevió a mirarlo. Sabía que le estaba observando con ojos acusadores, exigiendo que le explicase el por qué estaba él en ese lugar. Quatre decidió no esperar respuestas que no iba a tener y se lanzó hacia los árboles que intentaban expulsar al intruso. -¡Trowa! ¡¡TROWA!! -¿Quatre?-Trowa se volteó en medio de la batalla intentando ver de dónde provenía la voz, pero solo veía el polvo alzado por las ramas enfurecidas-¿Eres tú Quatre? ¡¿Dónde estás?! Quatre se detuvo en seco. Desde la distancia WuFei podía ver perfectamente su rostro horrorizado, observándole. Quatre no podía ser visto por nadie más que por él. -¡WuFei…! -Por favor Quatre… -Detenlos… WuFei seguía observando a Quatre expectante por poder acercarse a Trowa, poder ayudarlo, pero si se acercaba más, él también sería herido por los árboles -Quatre… -¡¡DETENLOS AHORA!! WuFei detuvo los movimientos de los árboles, y estos volvieron a su forma natural, resguardando el claro. Trowa estaba muy lastimado. No había logrado escapar y defenderse de todos los golpes, pero aún así, estaba feliz. Había escuchado la voz de Quatre en aquel embrujado lugar. Él debería de estar allí. Se encamino hacia donde había escuchado la voz de Quatre y entonces vio a una persona en la entrada de una choza de madera. Tenía el cabello n***o largo, ondeado por la briza nocturna; la piel de su cuerpo se veía luminosa a la luz de la luna, que quedaba más expuesta ante el ondear de su capa. Sus ojos negros, como la noche que comenzaba a cubrirlos, le observaban con un odio tan palpable como el suelo que pisaba. -¡¿Cómo entraste…?! -Seguí al cuervo… ¿donde está…? ¿Dónde está Quatre? -Él me pertenece ahora… lo entregaron en sacrificio… no tienes ningún derecho a reclamarlo. -¡¡VENGO POR QUATRE Y SOLO POR ÉL!! -¡¡¡AAAARRRRGGGGHHHH!!!-WuFei comenzó a cubrirse de plumas negras y pronto se convirtió en el cuervo que Trowa había visto-¡¡MALDITO HUMANO NO TIENES NINGÚN DERECHO…!! -WuFei, por favor-Quatre se había acercado a WuFei intentando mantenerse entre los dos, para que no dañase más a Trowa-permite que Trowa me vea… te lo suplico ¡¡Por favor, WuFei!! El suelo bajo WuFei se tornó n***o y reseco, como el del bosque quemado y de un solo movimiento de sus alas Quatre fue lanzado al suelo, mientras recibía el viento provocado por su aleteo. Su cuerpo ardía de forma dolorosa. Un hormigueo extraño rasgaba sus músculos, abriéndose paso hacia la piel, desde donde miles de granos de arena salieron a través de los poros de su cuerpo, cubiertos en sangre, recreando una nube roja sobre él. Finalmente allí estaba Quatre. La piel enrojecida por alguna razón, los ojos llorosos por alguna razón… para Trowa todo era culpa del cuervo ante él. ********* Las ramas le azotaban el rostro, los largos pastos entre los gruesos árboles le azotaban las piernas y le impedían levemente el paso, pero aún así, nada le impediría llegar hasta los demás. Rastros de sangre y pequeños animales muertos, le indicaban que habían perdido la caza reciente, y los muertos que encontró en su recorrido, le indicaban que habían muerto de forma rápida y silenciosa, casi de la forma en que Duo hubiese muerto, si no se hubiese movido. No podía llorar sus muertes. Tenía que encontrar al culpable. Alguien había matado a los cazadores de ambas tribus, y seguramente intentarían atacar al resto de la tribu, la gran mayoría mujeres y niños. Tres siluetas corriendo a toda velocidad, cerca de él le llamaron la atención. Se escondió rápidamente intentando regular su agitada y sonora respiración para que no le escuchasen, y así poder escuchar quienes eran. -¡No puedo creer que Sally haya fallado!... es tu oportunidad WuFei, podrás convertirte en un guerrero… -Padre, no creo que… -¡Tonterías!... los clanes Maxwell y Yuy se han unido uniendo sus tribus, y se han hecho más fuertes… tenemos que ganar terreno o desapareceremos… para eso, te convertirás en el mejor guerrero Nataku, así que no desperdicies esta oportunidad. Las siluetas guardaron silencio por unos momentos y reanudaron su paso en dirección al lago. Heero intentó seguirlos, pero el olor a humo le decía que su aldea había sido alcanzada por los que habían avanzado. Había ocultado muy bien a Duo, por lo que no debía preocuparse demasiado. Lo más importante era llegar pronto a la aldea y defenderla de sus invasores. ******* -¡¡Quatre!! -Trowa… ¿por qué… estás aquí? -Quatre-Trowa se acercó a Quatre y lo abrazó con fuerza. Su cuerpo estaba caliente y enrojecido, y por alguna razón estaba empapado en sangre-Quatre, he venido por ti… regresemos a casa… -Trowa-el joven estaba lastimado y frio-yo no tengo a donde ir. WuFei observaba todo con ojos amenazantes. El aire a su alrededor estaba putrefacto llevando a la muerte todo lo que le rodeaba. No comprendía cómo era posible que ese humano entrase a su hogar. -¡Claro que sí! Diré a todos que el Dios de la Desgracia te utilizó de sirviente y que prescindió de tus servicios… yo te protegeré, Quatre, por favor, regresa conmigo. -Trowa… amo a WuFei. Trowa se separó de Quatre de forma brusca, como si le hubiesen quemado el cuerpo. WuFei quedó tan impactado por la declaración de Quatre, que todo a su alrededor volvió a la normalidad. Por alguna razón, ya no sentía la misma aprehensión de antes. -¿Qué dices…? -Amo al cuervo. Lo siento Trowa, tenía que decírtelo para que dejes de atormentarte y de buscarme. Estoy muy bien aquí, además de que estoy con alguien a quien amo y que me ama de igual forma… -¡¡Pero yo también te amo!! ¡¡TAMBIEN TE AMO!! ¡Daría todo por tenerte de regreso conmigo, entre los nuestros! No mereces vivir de esta manera, entre muertos y hechizos… -Por favor Trowa, regresa a casa. Y dicho esto Quatre se alejó de Trowa caminando hacia WuFei, que lo esperaba con los brazos abiertos, pero Quatre no avanzaba. Un punto en su pecho reflejaba la luz de la luna. Solo el olor de la sangre le advirtió de la desgracia que había caído sobre ellos. Quatre estaba aún de pie viendo cómo en un rápido movimiento, WuFei alzaba sus alas para hacer que los árboles volviesen a atacar a Trowa y lo sacaran de su sagrado hogar, y se acercaba a socorrerlo. ******* Ya en la aldea ayudó a eliminar a los últimos invasores que quedaban. Varios jóvenes en entrenamiento habían sacrificado sus vidas defendiendo su hogar, mientras eran auxiliados por los sobrevivientes de la emboscada en la cacería. Ya todo estaba en orden. Solo faltaba hacer un censo de los desaparecidos y buscar sus cuerpos para darles una digna sepultura… La respiración jadeante de quién corría se escuchaba con un asombroso eco a través de los árboles, sus pasos resonaban entre el pasto y las ramitas secas. Varios hombres se acercaron al límite que separaba la aldea del bosque, preparados para los que venía, pero la tensión se borró de sus cuerpos al lograr ver la silueta del otro jefe de la tribu: Duo corría hacia ellos con un improvisado vendaje cubriendo la herida de su brazo, cargando el carcaj y el arco en el otro, y al ver a Heero apuró el paso. Heero se adelantó a los demás para recibir a su compañero y al tenerlo al fin entre sus brazos sintió cómo dejó caer el carcaj y el arco, dejándose caer con todo su peso empujado por una fuerza repetitiva que le hizo susurrar su nombre al encontrarse finalmente en el único lugar en el que deseaba estar en sus últimos minutos. Su rostro pálido y sonriente, de ojos entre abiertos no le permitía creerse lo que estaba viendo. Tenía a Duo entre sus brazos con tres flechas clavadas a su espalda, justo por detrás del corazón. En el horizonte podía observar perfectamente, entre los árboles, a un jovencito de ojos negros rasgados, de corta melena negra, que aún no bajaba el arco acusador. Las manos de sus acompañantes aparecieron por detrás de él y lo sacaron de la línea de fuego, antes de que las flechas y lanzas lo alcanzaran. Heero podía sentir la sangre caliente escapar del cuerpo de Duo, pero no podía sentir ni su respiración, ni sus latidos… Arrancó de cuajo las tres flechas de su espalda y tomando el arco de Duo se adentró en el bosque en persecución del asesino. Podía verlos, podía ver sus sombras intentando escapar de él, pero solo la borrosa imagen de sus vestimentas fue suficiente para acertarle al primero. Una joven de cabello castaño, peinado en trenzas, con los mismos ojos del asesino había caído e intentaba colocarse de pie para seguir escapando, pero Heero fue más rápido y de una certera patada bajo el mentón la alzó del suelo rompiéndole el cuello, sin dejar de perseguir a los que quedaban. Ya los veía más cerca, estaba más cerca de ellos. El hombre que iba junto al asesino paró en seco para darse la vuelta, pero su perseguidor no estaba. Solo bastó una flecha entre los ojos, desde las alturas de los árboles para terminar con su vida y el asesino aún seguía corriendo. Las suaves plumas lo rodeaban. Sus livianas alas lo hacían aferrarse a él, mientras susurraba plegarias; sintió cuando el objeto dañino le fue retirado de su espalda mientras la carne se juntaba para unirse otra vez. WuFei tenía en una de sus alas la gran daga que Trowa le había lanzado a Quatre por la espalda. Sus plumas estaban rojas por la sangre, pero eso no le importaba. Había logrado cerrar la herida de Quatre, pero solo momentáneamente. Tenía que apresurarse a atenderlo y asegurarse de que la herida no se volviera a abrir, así como había hecho la primera vez. Ahora comprendía el dolor que había provocado en su afán de convertirse en guerrero. Y lo peor era darse cuenta de que toda la culpa de lo que le había sucedido a su gente y a Quatre, era suya… ****** Se avecinaba la oscuridad. El sol se estaba ocultando para ocultar también al perseguidor y al perseguido. Ninguno se detuvo. Sus respiraciones jadeantes eran el único indicador de que aún estaban corriendo a la misma distancia… una marca delató la cercanía a la aldea enemiga. Heero se detuvo en seco, subió a las alturas y vio perfectamente cómo el asesino era recibido en su aldea. Se había lanzado al suelo intentando recuperar la respiración, mientras era auxiliado por otros, pero aún así no dudó en hacer lo único que podía hacer en esa circunstancia. Tomó la última flecha cubierta por la sangre de Duo, y luego de prepararla en el arco la lanzó dándole en un brazo. La misma herida que había tirado a Duo del árbol. El joven se tomó el brazo y vio horrorizado la flecha adornada correspondiente a su tribu. Estaba llena de sangre y solo bastó una mirada hacia atrás para ver aquellos ojos azules llenos de odio… los mismos que antes habían estado llenos de amor al recibir al que había sido su víctima. Los que lo recibieron intentaban ver el lugar de donde provenía la flecha, pero nunca dieron con Heero. Mucho menos cuando regresó a su aldea al amparo de la oscuridad. Ahora lo único que tenía en mente, era despedir a Duo y seguirlo después de vengar su muerte.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR