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1282 Palabras

—Buenos días Santino, te levantaste mas tarde de lo acostumbrado- era obvio que ya todos habían desayunado. El forzó una expresión tranquila para su madre y aceptó los platos que ella le alcanzó, quiso portarse como siempre hacía, entablar tal vez un poco de conversación, pero no pudo hacerlo, se limitó a sentarse y empezó a comer lentamente, sin pronunciar palabra. —¿Pasó algo? Su madre se sentó frente a él. —No… no ¿Por qué? —No sé, te noto diferente. —comentó ella, mientras le servía el té. —¿Diferente? ¿Qué es lo que me ve distinto?, ¿Acaso puede leérseme la culpa en la cara o qué? No podía notar nada fuera de lo común y con respecto a otras cosas ausentes, -el dinero de cuentas ajenas- bueno, esas no debían notarse. ¿Sería por su fugaz llegada a las ocho y media de la noc

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