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1533 Palabras

—¿Así que ese es el tal Santino Lux? –profirió una voz desde el interior de un auto n***o. Los vidrios ahumados sólo dejaban entrever unos cuantos atisbos de una cabellera rubia y el brillo de unas frías pupilas azules—No se ve que sea la gran cosa. Era la voz de un muchacho, cargada de un extraño y sutil acento sagaz e impertinente. Procedía del asiento interior del vehículo. —Para ti nada es gran cosa salvo esa bazofia que estallas y que llamas arte –espetó alguien desde el asiento del copiloto. Lo único visible era una mata de pelo rojo encendido y una expresión hastiada en un semblante de jóvenes facciones. —¡Ey, vuelve a llamar bazofia a mis esculturas y te haré ver a tus antepasados! ¡Artesano de segunda! —Lo que digas, niña…—el "pelirrojo" portaba unos binoculares, develándolos

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