—¿Qué…que has dicho…Santi? Mindi sintió su voz temblar en medio del torbellino de furia silenciosa con la que había llegado su hijo a la casa. El no abatió la puerta como lo hizo con la del edificio del trabajo, no profería palabas altisonantes; de hecho apenas y había contestado a su saludo con su habitual "hmp". No mostraba ningún indicio violento…salvo que entró como una muda tromba, corriendo con pasos pesados hacia su habitación y permitiéndose un desahogo de su coraje personal únicamente con la puerta de su alcoba. Y ella, siendo una madre devota y consciente de su familia, aun si se trata de una familia de carácter tan desigual como los Lux, no le hizo falta mucha deducción para anticiparse a la noticia que su primogénito traía a cuestas. Llegando a media mañana, dos horas antes

