Eran aproximadamente las 7 de la mañana y ya me encontraba despierta, el hombre tan apasionado de la noche anterior ya no se encontraba a mi lado, pues cuando desperté ya se había ido, los recuerdos invadían mi mente y la vergüenza no tardó en aparecer, que haría cuando lo vea? como lo volvería a mirar? como debería actuar? sin darle más vueltas al asunto me levanté y elegí mi vestuario, el anterior ya no servía así que esta vez elegí un bra metálico n***o, shorts negros ajustados con detalles metálicos, medias negras que cubrían casi todo mi muslo y botas punk de tacón grueso hasta la rodilla, así las conocen ustedes, para mi son simples botas, coloqué el brazalete en mi brazo, levanté mi cabello en media cola y coloqué adornos de metal sobre mi cabeza, me encontraba lista para salir cuando escucho la voz de Amy detrás de mi puerta.
-Romina, la reina te solicita-
la abrí y respondí con una sonrisa.
-enseguida voy-
-madre me necesitabas?-
hablé mientras abría la puerta, enseguida me topé con esos ojos brillantes y esos labios húmedos.
-que haces aquí?-
-Buenos días princesa, su reina madre también me mandó a llamar-
-Así es, primero entregaré las armas a Romina y luego les explico por qué los traje hasta aquí-
Sorprendida por sus palabras pregunté.
-mis armas?-
-Si Romina, tu alabarda y el tridente, con la muerte de Mérida lo despojaste de su poder así que ahora de pertenece, además de que demostraste poder usarlo-
Tomé las armas, una en cada mano mientras mi madre se dirigía hacia Benjamín.
-Ten Benjamín, de ahora en adelante esta será tu arma, las flechas y el arco se volverán uno solo contigo, por supuesto que aquí se te entrenará con todas las armas que tenemos-
Benjamín la tomó con ambas manos y respondió con una reverencia de cabeza.
-si señora-
-Romina, necesitas entrenar tus poderes, todos estos años has demostrado ser la mejor con respecto a tu fuerza física, pero es momento de entrenar tu alma, hasta el momento sabemos que tienes un poder se sanación además de que eres capaz de controlar el mar y el cielo, así lo demostraste aquella noche-
-pero madre, como se supone que logre hacer eso, lo he intentado pero no logro hacerlos aparecer nuevamente-
-Tranquila, Benjamín te ayudará-
Vi la cara de sorpresa que puso al escuchar a mi madre decir tal barbarie.
-enserio? yo? pero... solo soy un humano y hasta hace unos días ni siquiera pensaba que todo esto era real-
Mi madre sonrió y gentilmente le respondió.
-Ya lo comprenderán, por ahora es todo así que pueden retirarse-
Inclinamos la cabeza en señal de respeto y salimos de su presencia, un silencio incómodo nos abrazó mientras caminábamos en dirección al campo de entrenamiento.
- Estás bien, te sientes bien?-
Lo miré y sonreí mientras asentía con la cabeza y con una bella sonrisa en su rostro volvió a dirigirse hacia mi.
-hoy te ves muy hermosa, ese cambio te sienta bien-
Sentí un beso rápido en mi mejilla y en un instante salió corriendo, acaricié con mis dedos el lugar que había besado mientras sonreía, enserio?, que me sucede, tanto me gusta? seguí mi camino hasta llegar a mi destino y escuché a alguien hablar.
-Otra vez tarde su alteza, gracias por el regalo-
Regalo? pensé mientras me volteaba a ver a la persona que me había hablado y aaaah que fastidio, era la insoportable de Neferet abrazando a Benjamín, lancé una mirada fulminante hacia ambos esperando que la apartara.
-Ya veo por qué te adelantaste-
Se notaban los nervios en las palabras de Benjamín.
-Romina, a ella ni la conozco sabes bien que llevo pocos días aquí-
-Tranquilo que no me debes explicaciones-
Lancé mis palabras secas.
-Enserio me piensas ignorar?-
Que voz tan irritante, como la detesto.
-Neferet, me acabo de levantar y obviamente tu voz es lo último que quisiera escuchar-
-está bien mantendré mi boca ocupada en la de tu novio-
Mis ojos saltaron inmediatamente queriendo asesinarla por sus palabras pero me volteé y seguí mi camino.
-por cierto, no es mi novio así que haz lo que te plazca-
Seguí caminando cuando escucho alguien corriendo que se acerca a mi.
-Romina, no soy un objeto al que puedas regalar, además a ella ni la conozco, te enojas por cosas insignificantes-
Asenté mi tridente, moví mi cabeza en círculos y le respondí.
-no estoy enojada, no tengo por qué estarlo, entrena tu arco y despreocúpate de mi-
-claro que no, no puedes entrenar, tus heridas aún no sanan-
Lo miré con fastidio.
-no me digas que hacer, yo se perfectamente como se encuentra mi cuerpo-
-pues entonces entrena todo lo que quieras y lastímalo mucho más, al fin y al cabo soy yo quien te va curar esas heridas y sabes bien como podemos acabar-
Su sonrisa pícara se grabó en mi mente mientras mis mejillas reflejaban la vergüenza que estaba sintiendo.
-eres un idiota-
Levanté nuevamente el tridente y me fui a mi habitación, lacé mis armas en la cama, tomé el arpa que tenía desde que era una niña y me dirigí hacia el acantilado, mi lugar favorito para desestresarme, me senté a pensar un par de horas y decidí tocar la canción que hace mucho compuse mirando las estrellas y preguntándome que hay mas allá del horizonte, el sol se estaba poniendo y mis dedos tocaban gentilmente esas cuerdas.
-hay algo que esta mujer no haga bien?-
Mis dedos se detuvieron al escuchar su voz, tomé el arpa y la asenté sobre mis piernas.
-que haces aquí-
-terminé de entrenar y supuse que estarías aquí, al parecer es tu lugar favorito-
Se sentó a mi lado y asentó su arco en el suelo, no quería mirarlo, no tenía ánimos de pelear con él.
-Romi... desde que llegué a este lugar no he tenido ojos más que para ti a Neferet la acabo de conocer y se que te molestó lo que viste, pero no fue mi culpa-
Di un profundo suspiro.
-ya te lo dije, no tienes que explicarme lo que hagas con tu vida, total tu y yo no somos más que...-
-amigos? los amigos no se besan, los amigos no se tocan como tu y yo-
-pero...-
-pero nada Romina-
Su mano tomó la mía y con la otra en mi cara me obligó a mirarlo.
-Eres todo lo que quiero y eres a quien quiero y si no fuera porque estamos fuera de tu habitación, ya te estaría cogiendo en tu cama-
-idiota... te encanta avergonzarme-
Intenté desviar la mirada pero inmediatamente me beso, cómo había querido sentir esos labios durante el día, esos besos llenos de deseo y sus manos acariciándome despacio, se alejó de mi lentamente pegando su frente en la mía y entre susurros me dijo:
-vámonos de aquí o te prometo que soy capaz de desnudarte-
Mordí mi labio inferior, sonreí y asentí, tomé mi arpa, me levanté y caminamos juntos hasta mi cuarto, durante el trayecto me sujetó de la mano, he empezado a sentir cosas que nunca antes he sentido, reconozco que tengo algo de miedo pero no quiero perderme esta etapa por nada en el mundo.