Capítulo 8

2918 Palabras
Capítulo 8   Catalina estaba en shock, ni siquiera podía pensar, ni asimilar lo que escucho, Bianca, era por la que habían pedido permiso, pero eso ¿Cuándo pasó? Bianca no le había comentado nada, debió decirle más porque sabía, bueno no sabía, pero debía intuir, que, ella gustaba de Jeffrey, en su mente solo decía ≤≤– Di que no, di que no, que no quieres. ≥≥ Pero muy contrario a eso. -Sí papá, si quiero. ―contesto Bianca muy sonriente. Jeffrey se acercó a ella, para mirarla a los ojos y besar su dorso. ― Gracias querida Bianca, por aceptarme. Catalina simplemente se paró de su asiento, no podía soportarlo más, casi con la mirada cristalizada, camino hacia la puerta como autómata, su madre miró la acción y le paró de inmediato. ― Hija ¿A dónde vas?, ¿Qué no vas a felicitar a tu hermana? ―Claro que sí mamá, felicidades Bianca. ― Acercándose para abrazar a su hermana, pero cuando se acercó a Jeffrey; lo abrazó sin pensar, dejando a todos en shock con ese acto ―. Espero y estén felices ―dijo, aferrándose a él de más, pero como se conocían desde niños no se lo tomaron a mal. ― Madre, subiré a mi habitación, me siento un poco resfriada. ―comento, tratando de contener sus lágrimas que ya amenazaban con salir. ―Está bien, sube después iré a verte ―dijo Janes, sin dejar de ver a sus invitados y casi ignorando a Catalina. ―Me despido y que disfruten su tarde… Catalina comenzó a caminar como autómata, sin saber a dónde dirigirse, cuando su doncella la vio. ―Pero señorita, para dónde va usted, debe de estar con su novio ―llegando hasta ella, intrigada de verla subir las escaleras. ―No, es que no me siento bien, voy a subir a mi habitación, me ayudas. ―dijo ahogando su dolor. ―Sí señorita, vamos…―Ayudándola a subir los escalones, hasta llegar a la habitación. ―Ya en cuanto subió a su habitación, comenzó a llorar sin más desahogando todo lo que sentía. ―Pero señorita ¿Qué tiene?, ¿Qué le pasa? ―pregunto Tacha, muy angustiada de verla en esa situación, si se supone que debería estar feliz. ―¡No soy yo!―exclamo llorando―. No me eligió a mí, sino a mi hermana, él pido cortejar a Bianca― lloraba con un desgarro acostándose en la cama. Hasta la sirvienta se quedó en shock, todo mundo había pensado, que la terminaría casada con Jeffrey Strohs sería Catalina ¿Cómo pasó aquello? ―se preguntaba la sirvienta, ya que todo apuntaba que el joven Strohs se había enamorado de Catalina. ―Ya señorita… No llore, me parte el corazón verla así. ―Comento tratando de consolarla. Catalina, se desgarraba llorando muy desconsolada… Si ella lo amaba con todo su ser, sabía que él gustaba de ella, lo sabía, no podía estar equivocada, entonces ¿Por qué no la eligió? Siempre tenía atenciones para con ella, no como con Bianca ¿Qué había pasado?, ¿Tenía que averiguarlo?, ¿Tenía que saber? Pero… ¿Qué haría? No podía solo preguntar, así como así, eso sería como rebajarse, pero si era para luchar por su amor lo haría. Estaba dispuesta a hacer cualquier cosa para luchar por él, enfrentarse a quien sea para conseguir el amor de Jeffrey. En el salón de la casa Bennett, aún se encontraban los Strohs, festejando… ―Bien señor Bennett con su amplio permiso, espero que Bianca me acepte un regalo que yo le traje en virtud que ahora ya es mi novia, espero y me dé permiso de que lo porte. ―Por supuesto hijo, adelante… Jeffrey sacó un estuche mostrando el regalo, había comprado una cadena de oro, de eslabones con un dije en forma de corazón, Bianca muy emocionada, no sabía qué decir. ―Bianca hija, acércate para que te lo ponga. ―Eh si, levantando su cabello, para que él le pudiera poner la cadenita. ― Muchas gracias Jeffrey. ―Espero que te guste, mirándola a los ojos y dándole un beso en la mejilla. ―Bueno muchachos, porque no van al jardín a platicar, nosotros nos quedaremos para ultimar detalles, Jeffrey tienes mi total confianza para visitar a Bianca, solo no abuses. ―comento el señor Bennett ―Claro señor Bennett, se lo agradezco ―contesto muy sonriente, sin dejar de mirar a Bianca, que, aunque fuera increíble Jeffrey, sí tenía sentimientos hacia ella, por Catalina tenía más deseo carnal por verla bella y deseable, gustaba mucho de ella. Pero sabía, que no podría tener un noviazgo tranquilo con tanto buitre tratando de cortejarla, aunque ya estuviera comprometida.  Jeffrey y Bianca, salieron al jardín, muy contentos tomados de la mano. Jean Bennett como Cecilia Strohs, se sentaron a platicar y casi a planear la boda, que ya era un hecho, las dos estaban muy contentas por la alianza que se iba a generar con ambas familias, ya que las dos eran de mucho renombre. ―Bueno querida ¿Crees que este noviazgo sea largo? ― preguntaba Janes, que estaba al tanto de la preocupación de su esposo, solo que al saberse que una de las Bennett ya estaba comprometida, quizás ya su esposo se le abrirán las puertas más fáciles. ―Querida, déjame salir del compromiso de Gabe y yo misma presionaré a Jeffrey para que le proponga matrimonio a Bianca. ―Si, por supuesto… Estoy tan emocionada, que una de mis hijas ya casi está comprometida, he trabajado tanto en esto. ―comento Janes, sabes que mi hija Bianca está muy bien educada, sabes las reglas de los protocolos de esta sociedad y de la moralidad, aparte que es una niña con una formación impecable en cuestión de formar un buen matrimonio. ―Lo sé querida, lo sé, es la razón por la que, a pesar de sus problemas económicos, no me negué a que este matrimonio se hiciera, tus hijas son lo mejor de esta sociedad, no te mentiré pensé que la elegida iba a ser Catalina… Pero mi Jeffrey tiene gustos muy diferentes, aunque la verdad estamos contentos con la elección. ―contestaba, Cecilia Strohs muy emocionada. ―Sí, estamos pasando por unos pequeños problemas, pero nada que no se puedan solucionar, además haremos todo lo que esté en nuestras manos, para que eso no les afecte a los chicos. ―explico Janes Bennett, tomando su taza de té que le acaban de traer. En el despacho de los Bennett era igual, tanto el Sr. Strohs como el Sr. Bennett hablaba de lo mismo, sobre el futuro matrimonio de sus hijos. ―Bien vamos a brindar, por la unión de nuestras familias. ― decía el Sr. Strohs ―Sí, la verdad no me esperaba que fuera Bianca, quien elegiría a tu hijo, siempre pensé que gustaba de Catalina. ―contesto el señor Bennett, todavía un poco confuso por su decisión. ―Y así es, lo que pasa es que nosotros los Strohs, pensamos diferente, mi hijo piensa que tu hija Catalina, es un caballo cerrero muy difícil de domar, al contrario del carácter de Bianca, ella es más sumisa y no solo eso, su carácter es más como a fin a él. ―explico el señor Strohs, tomando uno de los habanos que Bennett le ofreció. ―Sí es verdad… Mi hija Catalina, tiene un carácter muy explosivo y es más voluntariosa, sin embargo, pensé que sería la primera en casarse, muy a mi pesar veo que no será así, ¡Dios las quiero tanto! ―dijo inhalando el humo de su habano, muy pensativo por la vida a la que sería arrastrada su hija, si es que no llegaba a concertar un buen matrimonio. ―No te preocupes, tu hija Catalina es muy hermosa que estoy seguro que no tardará en comprometerse, se de la infinidad de caballeros que desean cortejarla, sé que algún valiente sabrá como cortejarla y en su momento controlarla, para formar un buen hogar. ― Si, lo sé, eso no es lo que me preocupa, sino otra situación… Te voy hacer completamente sincero, estoy pasando por una crisis económica que, no sé, si pueda solventar la dote de mi otra hija, así que voy a ir directo al punto ¿Cuál será la cantidad que vas a pedir de dote? ―pregunto, en lo que servía un par de copas de licor que había en su licorera. ―Bueno, solo porque nos conocemos desde hace muchos años y porque sé, que nos llevamos una joya, seré escrupuloso en la cantidad, aparte que sabes bien que eso es para que los muchachos comiencen una nueva vida. ―explico el señor Strohs, aceptando la copa con licor que le ofrecían―. Bien te parece esto. ― Dándole un pequeño papel doblado, poniéndolo enfrente de su escritorio. ―Bennett lo tomó, suspiro al ver la cantidad ya que era demasiado, aunque tenía la cantidad, no era lo que le preocupaba, sino que dejaría sin dote a Catalina, sin ninguna posibilidad de concertar un buen matrimonio. ―Espero y no te de problemas la cantidad ―carraspeando un poco, para escuchar su respuesta. ―No está bien, estoy de acuerdo, digo es para el bien de mi hija, qué más puedo pedir. ―contesto Bennett. ―Qué bueno, la verdad pensé mucho en seleccionar la cantidad y por ser tu que te conozco de toda la vida, sabiendo lo que estás pasando, no subí mucho la cantidad, aunque siendo mi hijo, bueno tu sabes… Espero lo mejor para él y sé que tu hija Bianca, es una excelente elección. El señor Bennett, solo sonrió ante lo que le acaba de decir el señor Strohs. Ya en el jardín, estaban Jeffrey y Bianca, platicando… ―Bien mi amor, ya eres mi novia y por lo tanto quiero que de ahora en adelante cuando vayas a una fiesta, no bailes ni platiques con nadie. ―decía ordenándole Jeffrey a Bianca, diciéndole cómo debía comportarse ella ante los demás―. Bianca, yo soy celoso y no me gustaría tener problemas de que mi novia sea vista con alguien más. ―explico, pegando su frente a la de ella. ―No Jeffrey, como crees, de ahora en adelante solo bailaré y platicaré contigo. ―contesto Bianca, al hacer lo que ordenaba su novio de ahora en adelante. Jeffrey le tomaba de la mano, deposita un beso en su dorso y le daba un beso en los labios, muy sutil, porque aún no era su prometida, solo era podría decirse un beso robado, en una ventana de uno de los cuartos, unos ojos verdes se clavaban en la pareja. Catalina lloraba al ver esa escena, que no daría por ser ella la que estuviera en su lugar, que no daría, por recibir ese beso, pero ¿Por qué las cosas eran así? Pero aún podía hacer algo, aun no todo estaba perdido, tal vez si ella lo buscaba y le confesaba lo que sentía, tal vez él cambiaría de opinión, aún no estaban comprometidos solo era un permiso para poder cortejar a su hermana, pero si en el proceso él se retractaba, quizás Jeffrey cambiaba de opinión y la elegiría a ella. Solo debía pensar como tratar de decirle lo que sentía, quizás si él supiera de sus sentimientos, las cosas cambiarían, solo estaba observando detrás de esa ventana donde podría hasta romperse, de tanto que ella la presionaba. Ya más tarde los Strohs, se despedían para dirigirse a su casa. La señora Bennett subía a dejar a su hija a su habitación. ― Vamos Bianca a descansar, estoy muy emocionada, lo bueno de todo esto es que, ya tengo toda tu ropa lista para cuando te cases. Tengo todo listo, las sábanas bordadas, las fundas, los camisones para dormir, las toallas, ya nada más falta agregar el nombre de tu futuro esposo y mírate, no creo que tarde en pedir tu mano, estoy muy orgullosa de ti hija. ―dijo, dándole un beso en la mejilla. Ya en la habitación de Catalina, estaba que lloraba sin parar, solo se puso su camisón para dormir y se acostó, cuando su madre quiso hablar con ella, esta se hizo la dormida, para que no viera que tenía los ojos muy hinchados de tanto llorar. Al siguiente día Catalina, estaba más que decidida que buscaría a Jeffrey, solo que había que tener una buena idea de ¿Cómo hacer para salir de casa? No sabía cómo hacer para verlo, pero lo haría de una o de otra manera. Así que le dijo a su doncella que le ayudara a vestirse, después muy temprano, que le llevará un recado a Jeffrey, que era urgente verlo en un parque donde no circulaba mucha gente. Bajaba sigilosa, para no ser detectada por su madre, si la veía ya no la dejaría salir, así que se fue por la puerta de la cocina, diciéndole a las demás mucamas que guardaran silencio y que, si su madre preguntaba, había ido a casa de su amiga Karen, que le habían informado que tenía un fuerte resfriado y que necesitaba apoyarla. Era muy común que Catalina, hiciera eso, así que fue a casa de su amiga, para que la acompañara, si no lo hacía y si su madre se enteraba, le iba a ir muy mal, un día antes mandó a su sirvienta con un recado que la vería muy temprano, que estuviera lista para salir… ―Pero Catalina ¿A dónde vamos? ―preguntaba arreglándose el sombrero, que con el viento se lo movía―. Mi madre me va a retar, sabes cómo es―dijo con un poco de temor, por las locuras de Catalina. ―Solo dile, que me acompañaste a comprar un sombrero. ―comento Catalina, en lo que paraba un cochero para que las llevará hasta el parque. Las dos chicas salían en compañía de sus doncellas, obvio que no dirían nada de donde iban, si lo hacían las chicas inventarían algo o dirían que no es verdad y serían despedidas, si algo tenían sus doncellas es que guardaban sus secretos.   ―¡Eso no me lo va a creer! ―exclamo con preocupación, subiendo al cochero detrás de Catalina―. Ella sabe, que tú siempre vas de compras con tu madre y hermana. ―Sí, pero ahora ya no será así, ayer… Ayer…― Poniéndose a llorar, solo tratando de contener su llanto y limpiando sus lágrimas, con un pequeño pañuelo que tenía en su bolso. ―¿Qué pasa linda?, ¿Por qué estás así? ―pregunto Karen, solo tomando la mano de su amiga, que la veía muy afligida. ―Jeffrey pidió permiso para cortejar a mi hermana. ― Cubriéndose la cara, para detener sus lágrimas. ―Pero… ¿Es en serio?¡No puedo creerlo, si todo apuntaba a que por la que pediría permiso ibas a ser tú! ―exclamo muy sorprendida. ―Sí, ayer fueron sus padres para pedir permiso ―dijo, mirando a Karen que estaba en shock por lo que acababa de escuchar. ―Pero, ¡¿Quién lo diría?! ¡Todo me esperaba menos eso! Bueno ¿Y qué quieres hacer? Mejor dicho ¿Qué vas hacer? Puesto que esta salida para eso es ¿No? ―pregunto mirando a Catalina, que dejaba de llorar para contestarle. ―Voy hablar con Jeffrey, necesito saber ¿Por qué hizo eso? ―dijo muy determinante en lo que planeaba hacer. ―Pero Catalina… ¿Estas segura de lo que vas hacer? ―pregunto muy sorprendida, de lo que iba hacer― digo, porque eso es como rebajarse ¿Dónde queda tu orgullo? ―Pregunto tratando de que no hiciera lo que estaba planeando, ya que no era muy bien visto, que una señorita buscara a un caballero, por las circunstancias que fueran. ―Karen yo lo amo, creo que desde siempre lo ame, siempre me daba una loca alegría cuando venía de vacaciones, cuando me escribía, cuando nos visitaba, que ¿No sé qué fue lo que pasó? ―Karen solo suspiro. ― Está bien te acompañare, pero solo esta vez. ―Sí gracias, de verdad te debo la vida ―dijo, observando que ya casi llegaban. Jeffrey recibió el recado y pensando que era algo sobre Bianca, acudió al lugar para ver a Catalina, mirando su reloj de bolsillo, ya que era la hora cuando se paró un cochero, se acercó para ayudarlas a bajar. Karen con las doncellas, solo fueron a dar una vuelta por el parque en lo que ellos conversaban. ―Dime… ¿Pasa algo?, ¿Por qué me citaste aquí? ―pregunto Jeffrey un poco ansioso, por saber a qué se debía su cita. ―Porque necesitaba verte, sin que nadie nos escuchara ―dijo Catalina mirándolo a los ojos―. Jeffrey necesito saber, necesito que me digas ¿Por qué escogiste a mi hermana? ―pregunto casi como una exigencia. ―Bueno Catalina me sorprende tu pregunta, es solo que ella, es, no sé linda, dulce, sé que me ama y va acorde a lo que yo quiero, para iniciar una vida en matrimonio. ―explico Jeffrey sorprendido por las preguntas de Catalina. ―Jeffrey, es que yo… Yo… Yo ―llenándose de valor―. Yo también te amo―dijo, con ojos suplicantes. Jeffrey estaba en shock ante tal confesión… Continuará…
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