Capítulo 35 Hasta que por fin el tren se paró en una estación, ya Damián le había dicho que recogiera todo porque se bajarían en la siguiente estación, al bajar comprendió que ya no estaban en Chicago, ni en ningún lugar cerca, ya que ese lugar se veía muy árido. Bajaron las maletas y ya un hombre estaba esperándolos, con un cartel con el apellido de Damián. ―Señor Rhodes, Señor Rhodes, por acá, soy Bartolomé, seré quien lo lleve hasta las minas. ―grito aquel hombre, llegando hasta donde estaba Damián junto con Catalina. ―Hola Bartolomé, las maletas las están bajando, hazte cargo por favor. ―dijo Damián en lo que miraba por donde salir de la estación. ―Sí, de inmediato señor. Ya las maletas estaban en una carreta, Catalina se acomodó detrás y Damián junto con Bartolomé iban adelante,

