J a x o n Santo cielo, eso fue explosivo. Sentía mis mejillas arder, mi respiración agitada y una sonrisa estúpida en mi cara mientras caminaba hacia la mesa de picnic, donde se encontraba la familia de Lily. Trate de normalizar mi respiración y parecer relajado para no levantar sospechas, aunque por la ceja alzada de Dexter, tal vez no lo hacia muy bien. Me guiño un ojo y suspiré con alivio, pero nada más ver a su padre, la sonrisa se borro de mi cara y en su lugar, sentí un nudo en mi estómago al recordar lo del paparazzi. «Va a matarme, no tengo duda; tiene cara de asesino serial», pensé. Una señora regordeta, en sus cuarenta años y de ojos verdes, levantó la vista con sorpresa, de la mesa rectangular de madera, al vernos llegar. -Oh, ¿no estaban aquí? -preguntó con expresión conf

