La noche reinaba ahora y los faroles de las calles rasgaban las sombras del camino. Los árboles circundantes adquirían un aspecto sombrío y asustador. Si miraba al cielo, la noche estaba estrellada. Había caminado de forma errante que lo que veía estaba ya fuera de la ciudad. Sentía deseos de llegar pronto pero ¿ a donde?, pero su cuerpo comenzaba a cansarse al punto que sus piernas ya no le respondían. Cuando estuvo a punto de perder el conocimiento un carruaje apareció. Era el Sr. Pett que había salido en su búsqueda. Respiró aliviado y acepto la ayuda del sirviente para subir a su carruaje. Estaba entrando en un cuadro febril, porque no era la primera noche que cometía tal imprudencia. — Señor, por favor debe de dejar de hacer estas tontearías. Si me permite jamás lo vi sufrir por nin
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