Horas después, tumbados en la cama y enredados en las sábanas, Jesse dormía. Mi mente no me dejaba descansar. Estaba cansada de todo el misterio, harta de esta situación. ¿Cuánto tiempo más iba a seguir así? No sabía ni siquiera por qué me pareció buena idea que escapar de todo iba a ser emocionante y de las mejores experiencias de mi vida, pero saber que nunca podría tener una vida normal con Jesse me ponía triste. Muchas veces deseaba que fuera un chico normal, me daba igual si mis padres lo aprobaban o no, y poder pasear con él de la mano por la calle. O hacer cosas normales como ir al cine… sin tener que preocuparnos de que la policía supiera quién es. No me reconocía a mí misma. Todo cambió en cuanto conocí a Jesse, incluida yo. Los minutos pasaban y yo no salía de mi bucle de pen

