Gonzalo no tardó mucho en llegar, le pedí a María que lo dejara entrar en cuanto lo viera cruzar la puerta de entrada, ella sabía sobre nuestra “relación” así que podía cubrirme con Federico o alguien que quisiera entrar a interrumpirnos —¿te eh dicho lo mucho que me gusta verte así? Como toda una mujer de negocios y super importante— dice cuando cierra la puerta, suelto una pequeña risa, intento quitarme los lentes para la vista y me detiene —no te los quites, te ves mucho mejor así— camina rápidamente y llega hasta mí, girando la silla y acercándose un poco, inclinando su cuerpo, podía inhalar su perfume, besa mis labios, suavemente y al separarse me mira fijamente, sus ojos avellana brillan —¿para que soy bueno además de para todo? ¿Por qué me llamaste? — alza una ceja, sonrío y suel

