Era impresionante lo que tres botellas de vino y muchas risas podían hacer por un grupo de personas que parecían tener asuntos pendientes. Mila no dejaba de asombrarse con la rapidez con la que el ambiente había cambiado aquella tarde, habían pasado de una tensión incómoda a un estado de relajación que no había sentido hasta ese momento. Los más risueños eran Sergio e Isadora y ella no terminaba de comprender si se debía al alcohol o solo porque esos dos se llevaban mejor de lo que imaginaba. Camero era el único que todavía miraba un con poco de recelo, intentaba comprender la razón, pero solo observaba rayos de esos sentimientos cuando veía a su esposa riendo. Quiso hacerle la pregunta, pero sabía que si lo hacía probablemente la tensión volvería y eso era lo que menos deseaba, ya tenía

