Paseo en yate

1754 Palabras
Mila se quedó hasta tarde en su habitación, la noche anterior había usado su vibrador hasta casi quedarse sin energía mientras montaba su dildo lila y junto al cansancio que ya sentía, al reposar su cabeza en la almohada se había quedado dormida en segundos. Eran las once de la mañana cuando abrió los ojos de nuevo, pidió algo para desayunar y se quedó en la cama hasta que las imágenes de la playa y el mar azul que se veían a través de su ventana la hicieron levantarse. El día estaba demasiado hermoso como para desperdiciarlo en la cama, así que se puso de pie con una sonrisa y se vistió con un traje de baño antes de bajar. Caminó hasta la playa con una sonrisa en el rostro para tumbarse en una de las sillas plegables disponibles. Observó con una sonrisa a los niños correr y a sus padres detrás de ellos, todo el mundo lucía feliz, disfrutando de una buen día. Se recostó allí hasta que el bar la llamó y con una sonrisa pidió un coctel. Fue relajante estar unos minutos solo respirando, recordó por un segundo la escena en la playa de la noche anterior y sonrió con complicidad. Dejó que la sombra la cubriera hasta que decidió caminar a la orilla del mar. Dejó su bolso porque no había nadie que se lo llevara, no estaba preocupada por eso. Con una sonrisa se colocó sus lentes de sol antes de comenzar a dar pasos por la arena mojando sus pies en el agua un tanto templada de la tarde. Se alejó lentamente mientras los sonidos se iban apagando hasta que las olas la llamaron, dejando sus lente en la arena corrió hasta el agua y se zambulló con una sonrisa. Nadó a través de las olas usándolas para impulsarse, miró el cielo, disfrutó del momento y se sintió renovada. En el momento en que sus dedos comenzaron a arrugarse decidió salir, goteando tomó los lentes que había dejado olvidados antes de caminar de regreso al hotel. Fue a medio camino que vio como un yate se acercaba a la orilla, ella notó la bonita embarcación deteniéndose para mirarla con aprecio. El yate se detuvo justo frente a ella a unos metros dentro del mar y eso la confundió, siguió caminando solo para notar que el barco se movía con ella, eso la hizo detenerse una vez más. Extrañada miró hacia el yate hasta que un hombre que ya conocía salió del interior y Mila sonrió. Se zambulló en el agua una vez más y nadó hasta la embarcación, Sergio le sonrió antes de ayudarla a subir. Le entregó una toalla para que pudiera secarse, un gesto que le agradeció antes de notar sus lentes cubiertos de agua. Los secó antes de olvidarlos en algún lado de aquel lugar. -Sabía que eras tú cuando noté a una persona nadando sola en la playa- comentó él con una sonrisa -me dijiste que te gustaba nadar. -Quería dar un paseo por la playa- explicó ella -no pude resistirme. Él sonrió antes de invitarla al interior. Aquel yate era lujoso, mucho más lujoso que aquellos que se usaban para los tours del hotel, era grande, espacioso y no faltaba nada. Ella siguió a Sergio hasta la cabina desde donde se manejaba el barco, lo vio acelerar para quedar frente a la playa del hotel. Los niños miraban y señalaban hacia ellos con entusiasmo. -Puedes quedarte aquí- comentó Sergio -o puedes dar un paseo conmigo. -¿Un paseo?- Inquirió ella -¿a dónde? -Por las costas- afirmó él -tengo tiempo sin sacar a este bebé y quiero disfrutar de manejarlo. -Dejé mis cosas en la playa- comentó ella con una mueca -debería buscarlas. -Eso se soluciona con una llamada- dijo él con una sonrisa conocedora. -¿Vas a llamar y pedir que cuiden mis cosas?- Preguntó ella confundida. -Voy a pedir que las suban a tu habitación- explicó él. -No todo el mundo se atrevería a hacer una petición como esa- ofreció ella mirando al hombre que parecía realmente cómodo dando órdenes en aquel lugar. -De algo debe servir ser uno de los mayores accionista de este hotel- afirmó él con una sonrisa dejándola boca abierta. Lo observó tomar su celular y hacer la llamada. Unos segundos más tarde colgó con una sonrisa en el rostro. -Tus cosas te esperarán en la habitación- le dijo él. -Eso no me lo esperaba para nada- afirmó ella haciéndolo reír. Sergio sonrió antes de caminar lejos de la cabina, ella lo siguió. Entraron en una especie de sala de descanso donde había un bar central. Él se dirigió a las botellas allí con bastante destreza. -¿Te gustaría algo?- Preguntó él viéndola con intensidad. -Lo que tú tomes- afirmó ella. Él sirvió dos vasos con un licor ambarino y se lo entregó. El wisky no era su favorito, pero aceptó el vaso con una sonrisa. Se dirigieron entonces a la proa del barco donde las vistas eran hermosas. -Puedes quedarte aquí mientras yo nos dirijo- le ofreció él -disfruta del viaje aquí afuera. -Me encantaría- aceptó ella emocionada. Él sonrió antes de alejarse. Esperó hasta que el yate comenzó a moverse, la brisa la golpeó en el momento en que la embarcación cobró velocidad mientras ella solo reía. Estaba disfrutando de aquel paseo, observó como la playa del hotel desapareció de su mirada y pronto otras playas aparecieron, algunas las había conocido en el tour. Lentamente los lugares conocidos fueron quedándose atrás hasta que llegaron a lo que parecía una playa desierta. El lugar era realmente hermoso. -Pensé en mostrarte este lugar- le dijo Sergio al encontrarse con ella. -Es hermoso- afirmó Mila -aunque no sé si quedarme con un extraño en una lugar remoto sea lo correcto, ¿qué dice eso de mí? -Que eres aventurera- soltó él acercándose con lentitud -pero eso ya lo sabía. Ella observó sus movimientos calculados, esa mirada que le había lanzado la noche anterior estaba de nuevo allí y esta vez claramente era ella la presa. Su corazón se aceleró con excitación mientras su cuerpo respondía alzando sus pezones. -¿Qué quieres decir?- Preguntó ella a media voz. -Fue todo un espectáculo la primera noche que te vi montando ese dildo en tu balcón- comentó él con una sonrisa lujuriosa -me dejaste hipnotizado con el placer que mostrabas, verte mojada, moviéndote con fuerza y usando el vibrador hasta correrte casi me hizo correrme a mí también. -Me viste- afirmó ella sorprendida sintiendo como el rubor crecía en sus mejillas. -Vi cada segundo y lo disfruté- le dijo Sergio con fuego en los ojos -tenía que saber tu nombre. -¿Así que me investigaste?- Inquirió ella sospechando la verdad. -Lo supe a la mañana siguiente, solo tuve que pedir la información en recepción- le explicó él -es imposible negarme algo en este lugar. Fue difícil fingir que no sabía quién eras anoche en el bar cuando lo único que quería hacer era verte dándote placer, intenté ir contigo a ese paseo con el claro deseo de tenerte desnuda, pero tú te negaste. -Entonces supongo que nuestro encuentro no tuvo nada de casual- comentó ella sintiéndose tan excitada como intimidada. -Ni un poco- admitió él con esa sonrisa depredadora haciendo que sus pezones se alzaran una vez más. -¿Y anoche?- Siguió ella sintiendo crecer su humedad -¿esperaste por eso? -No creí que se repetiría- dijo él con voz ronca -pero esperé con esperanza y valió la pena. Disfruté cada segundo una vez más. Ella sonrió a medias sintiéndose más excitada que en mucho tiempo, el deseo la recorría con fuerza mojándola cada vez más, pronto sería bastante evidente. -Así que me espiaste y luego me investigaste- afirmó ella con algo de acusación antes de sonreír mordiéndose el labio inferior -supongo que debí tentarte. -Lo hiciste- admitió él -tanto como lo haces ahora. -Entonces, ¿qué es lo que estás esperando?- Fue lo último que pudo decir antes de que Sergio se abalanzara sobre su cuerpo excitado. Ella gimió cuando sus cuerpos chocaron, sus labios se unieron en una danza salvaje por el control. Se sentía tan necesitada, estaba lista para ser complacida de todas las formas posibles. Sergio jugó con su lengua, al mismo tiempo que mordía sus labios, las manos se dirigían a todos lados hasta que con un impulso él le dio la vuelta. La evidente erección se rozaba contra sus nalgas mientras él besaba su cuello haciéndola gemir, en un movimiento brusco descubrió sus pechos arrancando el traje de baño de su cuerpo. -Eres preciosa, Mila Becker- le dijo Sergio al oído -toda una tentación. Ella gimió cuando sus pezones fueron tomados entre los dedos y excitados. Él jugaba con su cuerpo mientras su erección la acariciaba, sus caderas comenzaron a empujar contra esa dureza y fue entonces que él se detuvo. Terminó de desnudarla con rapidez antes de verlo arrancar la ropa de su cuerpo. Su m*****o se erguía con orgullo haciéndola estremecerse. Él la tomó de las caderas antes de rozar su dureza contra la profusa humedad de su v****a. Ambos gimieron y sin esperarlo él la penetró de una estocada haciéndola gritar. Las embestidas eras fuertes, sus cuerpos chocaban creando una sinfonía que solo la hacía estremecerse con deseo, Sergio sostenía sus caderas moviéndolos al encuentro de sus cuerpos. Ella se sostuvo del barandal del yate mientras el sol calentaba su piel, estaban al aire libre, eso la excitó mucho más. Su cuerpo comenzó a acercarse al orgasmo, su v****a se apretó con fuerza y él lo sintió. En un movimiento brusco él la levantó tomándola del cuello con suavidad, su espalda chocó contra el pecho masculino haciendo que la profundidad de sus embestidas fueran mucho más intensas, ella gimió desesperada dejándose llevar y fue entonces que su cuerpo explotó. Se corrió gritando con placer, su v****a palpitaba apretando la erección en su interior. Dos estocadas más tarde Sergio se corría en su interior con un gruñido, lo sintió palpitar antes de llenarla con su calidez mientras ella todavía disfrutaba de los espasmos de su maravilloso orgasmo. Cayeron sin aliento en el piso del yate y se quedaron allí hasta que sus cuerpos pudieron moverse una vez más. Ella sonreía con satisfacción. -Eres toda una tentación- afirmó Sergio viéndola con la lujuria creciendo en sus ojos una vez más. -Supongo que me encanta serlo- musitó ella antes de subirse a su regazo dispuesta a cabalgarlo.
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