Mila se había quedado en su habitación hasta tarde. La noche anterior, luego de la breve conversación que había tenido con Sergio, los besos habían sido el siguiente paso con el que lograron comunicarse, las palabras sobraban en ese segundo y la oscuridad les permitía conservar sus secretos. Cuando el placer los cubrió la calma se abrió paso en la habitación, se quedaron acostados en la cama recuperando la respiración y aunque ella sabía que era el momento perfecto para irse, no lo hizo. Sergio no dijo una sola palabra al respecto, por lo que se quedaron dormidos desnudos en la habitación que no era la de ella. Se despertó acurrucada a un cuerpo cálido y sonrió cuando vio a Sergio cómodamente dormido sin soltarla ni siquiera en ese estado de calma. Se movió con cuidado para no despertarlo

