La moto se detuvo frente a una puerta de acero n***o mate que parecía la entrada a una base secreta de la NASA, o la casa de un villano de James Bond. Probablemente lo segundo. Me bajé con las piernas hechas gelatina. No sé si por el miedo a los ladrones, por la velocidad suicida de Iván o por el hecho de que estaba a punto de entrar en la guarida del lobo sin invitación. Iván se quitó el casco y se sacudió el pelo. Sonreía. Siempre sonríe. Es inquietante. —Bienvenida al ático, Caperucita. —Señaló la puerta con la cabeza—. El ascensor te lleva directo arriba. Código 6669. —¿En serio? —arqueé una ceja—. ¿666? Qué original. —Fácil de recordar. —Iván guiñó un ojo y volvió a encender la moto—. Suerte ahí dentro. Dante está en modo "tormenta tropical". Si te grita, tú grita más fuerte. Le

