—¡Anna! —se oye la voz estruendosa de la cuidadora Consuelo, que la llama con imperiosa necesidad. Anna se encuentra peleando a los puños con un joven de su tamaño que le dijo: " tía Paola". y ella le dijo fúrica: ¡y tú eres amanerado! Y por esa falta de respeto de ambos se armó un lío inmenso. Lo malo es que al joven no lo escucharon, pero a ella sí.
Anna estaba internada en el hospicio del sagrado Rostro . Estamos en el 1982 y aun habían lugares en la ciudad de Panamá en donde los niños crecen, pueden ir a clases en colegios públicos y regresan al hospicio a convivir, a esperar ser adoptados, mientras aprenden un oficio y se preparan para la vida. Ella era buena alumna, ya se habia graduado de secundaria y decidiría que estudiaría en la universidad, le gustaba el dibujo y cocinar, pero tenia un temperamento de los mil demonios.
- ¿Voz crees que eres un hombrecito?, ¿Quién te crees para señalar a otros? – La cuidadora que es una mujer robusta y alta, le hala al brazo arrastrándola mientras ella rezonga, la coloca en una taburete. Anna, enojada, la mira con el ceño fruncido a doña Consuelo, jamás se ha quedado callada frente al abuso y menos si es con ella.
¡Pero usted no lo escuchó cuando me ofendió!, ¡usted no gusta de mí! —le gritó a la cuidadora mientras esta le contestaba con ira.
¡Ah, eso no es cierto!, ¡Tú eres la del problema! Desde que te metieron en esta casa hogar, nunca te han adoptado, solo puros intentos. ¿Por qué crees que es así? Ya vas a tener 18 años el mes entrante. Dime, ¿qué harás cuando salgas de aquí?
—Bueno, haré una fiesta porque ya no la veré más ni escucharé sus gritos —se rio por la grosería que acaba de decir tan tranquila.
-¡Párate, atrevida! Uno te habla bien y tú siempre con tus cosas.¡Créeme que esto me duele más a mí que a ti! —la paró en un taburete y le dio con un palito en las pantorrillas, no le dolía, mas le dolió en su orgullo . Anna, por no quejarse, aguantó callada.
-Te quedas allí parada a recibir clases, ¡hay de ti que te bajes de allí! —se fue la Consuelo, la encargada del salón mientras los compañeros entraban y observaban a Anna apenas estable en el taburete. Mientras la clase de costura vespertinas acababan, los jóvenes la miraban de reojo y el joven con quien peleaba le hacia muecas.
-¿Qué me ven? ¿Tengo monos en la cara? —sacó la lengua y por esto casi perdió el equilibrio. Los compañeros se rieron de ella, pues no la soportan.
-¡Malditos hijos de puer…! ¡—Inna no terminó la frase! Ojalá no los vuelva a ver nunca. Total, soy más hermosa que todos ustedes, curtidos de mier… —El timbre sonó y todos se fueron.
—¡Adiós, Inna, la reina! —se rieron las muchachas cuando se marcharon.
Inna se quedó parada en el taburete, pensando, mientras su mirada se perdía en la distancia. Nunca conoció a sus padres, no sabe de dónde viene.
En esa casa hogar siempre la miraron con desprecio, según Anna, porque no entendían que tipo de persona era y es que había muchos niños y jóvenes para ponerse a entender a cada uno . Todo lo que querían estas gentes era tenerlos como soldados sin mentes, en orden y sin joder, en buen castellano, el que salía del carril pues de malas y como su hobby era llamar la atención…
Anna se impacienta por la espera, ya mucho rato que le colocaron en castigo.
—Cuando carajo me van a dejar salir de aquí... ——En eso entra la superiora. Anna la mira y tuerce la boca. La señora se rio, ya sabe cómo es ella, la única normal, según Anna, en esta institución.
—Anna, no te cansas de que te castiguen, hija—. Inna la mira y cambia su rostro para otro lado.
-¿Hermana, y ellas no se cansan de joderme? La hermana la mira con paciencia y le tiende la mano para bajarla, Anna descienden de un brinco mientras se arreglas sus jeans raídos y su camisa blanca gastada.
- ¿Ya pronto no estarás aquí, Inna, ya no te podemos tener, tendrás que enfrentarte a la vida, ¿dime? ¿Qué harás? — Inna la mira con nostalgia.
-¿Quiere que le sea sincera?- Mientras agarra a la superiora por la cintura y la abraza con cariño…
—A la única que voy a extrañar de este lugar horrible es a usted— sonríe con todos sus dientes, mientras le besa la mejilla y sale corriendo al patio a seguir peleando con los otros jóvenes.
-¡Hay Anna!--, antes de desaparecer entre la muchachada, la hermana le dice a Anna.
--Tengo una sorpresa para ustedes que se que les va a gustar, más tarde les diré en la cena- Ana asiente y se va mientras la hermana la observa con cariño y sonríe.
-Madre la consiente mucho, es muy rebelde y orgullosa y esto le hará pasar por duras lecciones- le dice la cuidadora consuelo y otra cuidadora que se encontraba en el lugar durante el incidente.
--Y a ti te convendría ser más comprensiva con Anna e investigar antes de castigarla- la cuidadora se encoleriza un poco y se dirige a la hermana.
---¡pero hermana, Anna es como un animalito!, no se corrige con nada- la hermana le sonríe y coloca un brazo en el hombro y sonríe.
-¡De las aguas mansas líbrame señor!. Además, no hay nada que un poco de amor y paciencia no cambien, igual que el agua cuando horada la roca. Ya deberías saber que a Anna no reacciona si la provocan, siempre ha sido así desde muy niña- La cuidadora guarda silencio, suspira.
-¡Gracias a Dios se ira pronto!, esperemos que encuentre su destino y no se pierda en las calles como tantas otras- la hermana , la observa cara a cara.
--Dios mediante así será, pues honestamente no queremos eso ¿verdad Consuelo? -pregunta la madre con la mirada inexpresiva.
- Si hermana- agacha la cabeza.
-Eso pensé