Volvieron ambos un poco consternados a la casona, Catalina se bajo aferrada a los libros y con la mirada pérdida. Cuando Jaime rodeó el auto recién se fijó que él tenia una leve cojera entonces cambio el peso de los libros hacia su brazo izquierdo y se apresuró a cruzar su brazo con el del mayordomo. Jaime miró con una sonrisa tímida la acción. -Gracias estoy bien- Catalina no lo soltó hasta entrar a la casona, allí los esperaban Graciela y Lady Buck quienes estaban enfrascadas en una discusión culinaria, para realizar un merengue de calidad ¿se debía batir con tenedor o con un espumador? Cuando miraron ingresar a los dos forasteros recién guardaron silencio, Lady Buck entendió de inmediato la gravedad del asunto y con ambas manos en la boca se levantó. Graciela muy rápida le ofreció su

