Catalina despertó antes que el sol. Abrió los ojos lentamente, aún envuelta en la sensación cálida de haber dormido bajo vigilancia. Durante un segundo no supo dónde estaba, pero enseguida reconoció la figura de Evan en la silla junto a la cama. Estaba dormido. Catalina se quedó inmóvil, como si el más mínimo movimiento pudiera romper la escena. El guardaespaldas tenía la cabeza reclinada hacia un lado, la mandíbula relajada, un mechón de cabello cayéndole sobre la frente. Parecía tan joven, tan humano, sin su habitual gesto tenso. Catalina sintió algo extraño en el pecho. Una mezcla de ternura, alivio… y culpa. Él no debería estar aquí por su culpa. Debería estar durmiendo en una cama, viviendo una vida normal. No vigilando sombras por ella. Catalina se sentó lentamente, intentan

