BONUS

917 Palabras

El amanecer en la Hondada tenía un brillo distinto esa mañana. Catalina se despertó antes que todos —cosa poco común en ella— y salió al jardín con una manta sobre los hombros. El césped estaba frío bajo sus pies, pero no le importó. Sentía el cuerpo tibio, expandido, lleno de una energía extraña y suave, como si algo dentro de ella tuviera luz propia. Se detuvo frente al viejo naranjo y apoyó la mano sobre la corteza. Respiró. Sonrió. Había algo nuevo en el aire. —Otra vez madrugando… —murmuró Vicente desde la puerta, frotándose los ojos. Catalina se giró lentamente. Él se acercó por detrás y le envolvió la cintura con sus brazos. La besó en la sien. —Estás temblando —dijo él, confundido y tierno a la vez. —No es frío —susurró ella. Vicente frunció el ceño apenas, como si algo

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