Capítulo 7 Estamos juntos en esto

982 Palabras
Veo mi cuerpo frente al espejo. En mis brazos, tengo la huella de sus dedos. Mis pechos duelen después de recibir aquellas mordidas ansiosas de mi esposo, tuve miedo al pensar por un momento que me arrancaría los pezones, incluso mis muslos tienen la huella de su brutalidad sobre mí… Agradezco que mi hermano llamara a mi esposo para decirle que quería darme una sorpresa y llevarme a la heladería a la que nos llevaba el abuelo, esa con temática de los 60´s que todavía hoy sigue en funcionamiento. Mi dulce hermano suele vivir en Londres y pasa la mayor parte del tiempo allá, pues decidió montar hace 7 años su propia compañía de bienes y raíces que después usó como plataforma de inversión para su compañía de envíos internacionales. Ahora es un empresario exitoso que se alejó completamente de la familia, salvo de mí y tal vez por el hecho de que se fue sin nada y logró el éxito sin ayuda de nadie es que mi esposo le tiene un poco de respeto y por ello no tiene problemas en que yo lo vea. Cuando llega por mí en su auto deportivo, puedo ver como Sergio (la eterna sombra de William) por un segundo pone mala cara, pero se recompone para saludar cortésmente; sabiendo cómo es esa maldita arpía, no dejo que hable más y abrazo a mi hermano, quien con una gran sonrisa me devuelve el abrazo, fijando su mirada en aquel hombre insufrible. Sergio me llevo a mi hermana en mi coche; el señor ya sabe —dice mi hermano con voz seria y firme—. Por supuesto, señor, los guardaespaldas de señora irán en el coche de atrás para darles privacidad. Responde de manera amable, pero seca, es evidente que no soporta a mi hermano. Lo miro con profundo asco, pero sonrío y volteando a ver a mi hermano y comienzo a caminar hacia su coche, pero Sergio me detiene dándome el celular que olvidé debido a mi emoción por ver a mi gemelo: Señora no debe olvidar el celular; el señor podría llamarla. Dice con media sonrisa en la cara, una que pareciera esconder algo. Si embargo, es mi hermano el que interviene: -Hermana es cierto, Sergio tiene razón—dice sin dejar de ver a Sergio. – Mándale un mensaje a tu marido y dile que estoy en aquí y que ya nos vamos, así no se preocupará-. Me extraña su actitud, pero hago lo que dice y cuando termino me quita el celular de la mano y se lo da a Sergio devolviéndoselo. Sergio, una dama de sociedad, no carga sus cosas, me sorprende que no lo sepas. Que la bolsa de mi hermana y su celular se la lleven los guardaespaldas en el coche, si el señor llama que de inmediato le den el celular, gracias-. Me da la mano y me abre la puerta para que suba a su coche ante la incredulidad de Sergio, quien no puede evitar poner mala cara, mientras mi hermano sonríe de oreja a oreja y se pone sus típicos lentes de aviador que siempre le dan un aire de chico malo. ……. En cuanto arranca y el coche sale de la mansión, no pierde el tiempo y me dice: -Hermana, estoy aquí hoy porque tenemos mucho que hablar y poco tiempo; por ello, me negué a que llevaras el celular contigo. Descubrí que tiene un localizador especial, así como un micrófono, tu esposo el paranoico te escucha y te espía las 24 horas del día; además, tu alianza matrimonial tiene otro localizador y no dudo que incluso el bastardo pusiera cámaras y micrófonos en tu habitación y hasta en tu baño porque él es un maldito demente-. Lo miro con sorpresa, pero no me deja ni hablar y continúa hablando: -Tengo un plan para sacarte de este infierno hermana, pero vas a tener que cooperar. -Haré lo que tenga que hacer hermano-le respondo de inmediato. -Tienes que hacerle creer que lo amas y ser tú quien se lo folle con falsa pasión, así bajará la guardia, tienes tres meses para lograr tenerlo de manera completa en tus manos, para hacer que Sergio caiga y entonces pondremos en marcha la siguiente etapa de mi plan, ¿Todavía tienes pastillas? - -Tengo para un mes más- le contesto. Bien, entonces le haré llegar a nuestra amiga tu pequeño secreto anti natalidad. Es fundamental que no resultes embarazada-dice preocupado. -Eso es un problema porque ya fuimos a un médico y tenemos que hacernos pruebas pasado mañana- contesto de manera triste. No te preocupes, hermana, lo tengo cubierto, el médico al que fueron está de nuestro lado y sabe que no debe decir que es evidente que tomas pastillas anticonceptivas y, además, les dirá que efectivamente el problema está en ti y debes someterte a un tratamiento de fertilidad. Tú solamente pon cara de pánico para que el loco no se dé cuenta-. Lo miro con incredulidad: ¿Cómo es que está haciendo todo esto? Por fin logro articular palabra y le digo, hermano, esto es peligroso. ¿Estás seguro de querer apoyarme? -Por supuesto, nacimos juntos y estamos juntos en esto pequeña saltamontes, siempre lamentaré no haber podido evitar este matrimonio infernal para ti, en ese entonces no era más que el hijo de un rico, pero sin poder propio ni dinero propio, me fui para hacerme de mi fortuna y poder, así me evito que nuestros padres quieran manejar mi vida como lo hicieron contigo, además debido a ello ahora puedo ayudarte y por cierto, conociendo a la artimaña de Sergio, nuestro tema de conversación en la heladería será uno: mi próximo matrimonio, un tema que será escándalo y que deberás aprovechar para empezar a convencer a tu marido de tu inmenso amor y devoción hacia él y alejarlo de otra artimaña: su amante secreta…
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