Astrid Volver a la realidad fue más difícil de lo que había imaginado. Abrir los ojos no significó simplemente despertar; fue enfrentarme a un mundo distinto, uno donde todo lo que había construido se había desmoronado en cuestión de segundos. No comprendí del todo el alcance de mi accidente hasta que, con el corazón encogido, recordé qué día era. El estreno. La obra por la que había dejado sudor, lágrimas y cada pedazo de mí misma durante meses. Y yo... no podía estar ahí. No podía subir al escenario. Me ardió el pecho. Todo por un instante de descuido. Por no ver. Por dejar que una mentira —una foto manipulada, un veneno lanzado a mi corazón— me cegara lo suficiente como para no mirar al frente. Y ahora era tarde. Todo ese esfuerzo estaba tirado a la basura. Pasé el día llorando, inc

