***** ¿Ahora qué iba a hacer? No pudo tener otra idea mejor, que salir corriendo como una tonta adolescente. Era increíble que se encontrara en ese momento en su habitación caminando de un lado a otro, y con mil mariposas revoloteando en su estómago. Se detuvo por un momento, y cerró los ojos al poner sus dedos sobre la boca, y darles una suave caricia. Jamás le habían besado de esa forma, sonrió. Su primer beso, un beso de verdad, y con el hombre que atormentaba todas sus noches. No había podido sacarlo de su cabeza desde aquella tarde, que lo vio tan espléndidamente desnudo en toda su gloria, con el cuerpo esculpido como el mismísimo dios griego de Botticelli. Se lanzó a la cama y abrió mucho los ojos mirando el techo; con un beso. Solo un único y jodido beso había hecho que flot

