***** Jessica no pudo evitar gemir ante aquella advertencia de Ryan, porque sabía que cumpliría cada una de sus palabras, descaradamente abrió un poco más las piernas para darle un mejor acceso. Sin querer Ryan acarició sus espalda y sintió la piel un poco maltratada, también un quejido brotó de los labios de ella. —¿Qué cojones Jess? —preguntó girándola, para ver mejor de que se trataba. Casi queda rendido al ver. En su espalda tenía un tatuaje, un jodido y gigantesco tatuaje que le cubría prácticamente la mitad de la espalda. Era la corona del rey de la mafia irlandesa, con su nombre escrito “Ryan”. Dejando claro que ella solo era de él. Su m*****o se movió de un lado a otro en sus pantalones, pidiendo con eso que lo liberaran de la prisión en que se encontraba. Por un momento Jessic

