Nunca había sentido tanto miedo en mi vida, sentí que este era mi fin, David me iba a violar y a pesar de que lo golpeaba con todas mis fuerzas, él seguía encima de mí besando mi cuello y tocándome sin piedad, por más que le suplicaba que no me hiciera daño, él no me hacía ni el más mínimo caso. Y justo cuando me resigné a que él me desgraciara la vida, cuando sentí que ya no habían más esperanzas, cuando pensé que nada podía evitar que él abusara de mi, la puerta principal fue tocada por alguien, por unos segundos tuve la esperanza de que fuera algún vecino o tal vez la policía, pero esfume aquella idea al escuchar una voz masculina gritando el nombre de David. -Maldita sea. -susurró alejándose de mi cuello y me miró con una sonrisa. -Está vez te salvó la campana, pero después No habr

