Dejé a los hombres hablando sobre los deportes y otros intereses masculinos y corrí al piso de arriba a darme una ducha. Después de que el agua caliente hubiera seguido su curso y de que una tonelada de suciedad hubiera seguido el rastro del agua por el desagüe, salí de la ducha y envolví mi cuerpo con una toalla limpia. Rápidamente, me lavé los dientes e intenté cepillarme el pelo. Mi rostro había enrojecido un poco a causa del sol, así que no me molesté en maquillarme. Esta noche, decidí ser yo misma; iría descalza y sin maquillaje. Y no me pondría nada ostentoso, ni glamuroso. Cuando bajé las escaleras, llevaba puestos mis viejos vaqueros, que ya estaban hechos jirones, y una camiseta sin mangas simple, lista para una noche relajante junto a nuestro nuevo invitado. Jeffery le había pr

