+DAMIÁN+ Ya me he casado. La frase me da vueltas en la cabeza mientras me observo en el espejo del baño, encerrado, con la corbata ya medio desanudada, el saco colgando del perchero, y el alma… rota. Allá afuera, Charlotte está con su madre, abriendo los regalos de boda. Sonríe. Ríe. Disfruta como si todo esto tuviera sentido. Como si no fuera un teatro armado a la fuerza por apariencias, negocios y un bebé no planeado. Mierda, ¿qué he hecho? Esta es mi boda. Mi maldita boda. Acabo de decir "sí", ese maldito “sí, acepto” que me dejó seco por dentro. Yo no quería decirlo. Yo quería gritar “¡no!”, soltar el micrófono, correr hacia la salida como en esas películas en donde el corazón vence a todo. Pero no. Me quedé como un idiota, con la mandíbula apretada y el alma colgando de un hilo, mi

