+¡DAMIÁN!+ —¡No te diré quién es ni dónde está mi hija! —rugió Alessandro con los ojos fuera de sí, como si yo acabara de escupirle en la cara—. ¡Vete a la mierda, infeliz! ¿¡Cómo te atreves!? La rabia me ardía por dentro como gasolina. —¡Estoy casado, sí! —escupí la sangre y lo miré como un animal herido, como un toro que ve rojo—. ¡Pero no puedo evitar lo que siento por ella! ¡Maldita sea, Alessandro, esto se me salió de control! —¡¿Control?! —dio un paso hacia mí, encarándome—. ¿Tú le llamas amor a revolcarte con la hermana de tu esposa? ¿Eso es lo que llamas perder el control? ¡Eres una basura! Me empujó de nuevo, esta vez contra la pared, y juro que lo vi todo n***o por un instante. —¡No me empujes más! —grité con los puños apretados—. ¡No lo hagas! —¡¿Y si lo hago qué, eh?! —m

