Todos asintieron sin mucho interés, y me fui rumbo a la biblioteca. Apenas cerré la puerta, respondí la llamada con voz más serena de lo que sentía. —Hola, papá. —Hola, mi amor. ¿Cómo te va? Te he estado llamando y nada que me contestas. Me mordí el labio, sintiendo un nudo en el estómago. —Lo siento, papá. Es que he estado pendiente de otras cosas… Papá, creo que es momento de regresar. La propuesta es hoy, y solo vine por eso. No insistas en que me quede para la boda, es demasiado largo. Ya… quiero regresar. Hubo una pausa antes de que su voz, más suave, llegara al otro lado. —Sí, puedes regresar cuando quieras. Jamás debí obligarte a ir, hija. —Gracias… papá, lo hecho, hecho está. Ahora voy a desayunar. Más tarde te llamo. Colgué, respirando profundo, y justo cuando iba a abrir

