+DAMIÁN+ Maldita sea. Ella me ha cortado. Otra vez. Aprieto los dientes, vuelvo a marcar su número como un adicto necesitado de su dosis, con los dedos temblando y el corazón atragantado en la garganta. ¿Por qué no me contesta? ¿Por qué mierda no me contesta? ¡Mierda! Camino como un león enjaulado por el jardín oscuro, con las luces tenues de la casa detrás de mí y el cielo empezando a aclarar. El aire de la madrugada es frío, pero mi sangre arde. Estoy desesperado. Tanto que lanzo el celular con toda mi fuerza contra una de las macetas de cerámica. Se rompe. Como yo. —¡¿Dónde estás, Valentina?! —grito al cielo como un maldito lunático, sabiendo que no hay respuesta. No puedo quedarme con los brazos cruzados. ¡No voy a quedarme quieto mientras otro maldito infeliz la toca, la abraza

