Las emociones se desvanecieron de repente, interrumpidas en un instante para ser reemplazadas por un profundo sentimiento de amor y aceptación. "Shhh, cariño, no llores. No hay nada tan malo que no podamos arreglar. Tú lo sabes." —Lo hago todo mal —sollozó—. Intento portarme bien y fracaso siempre. Tengo miedo, papá. Tengo muchísimo miedo de lo que haré, de a quién lastimaré. Pierdo el control y ya lastimé a una amiga. Andrei respiró hondo, con el corazón oprimido por la súplica de comprensión en la voz de su hija, por el terror absoluto que recorría el vínculo que los unía y que de repente podía sentir. Conocía bien esa sensación, ese momento en que la parte cuerda de él comprendía que la locura estaba a punto de apoderarse de él y arrasar con la última pizca de bondad que quedaba en su

